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Barroquismo dramático y defensa psicológica

Por Enrique Fernández Lópiz

Siempre que se va, o se iba, a un estreno de Buñuel, Saura o como en este caso Almodóvar, uno parece sentirse impelido a tener una idea de complejidad, calidad o tendencia misteriosa en una más que probable obra de enorme abstracción intelectual. Sé por experiencia, que quien quiere decir algo al prójimo y conoce el tema, o sea, sabe lo que quiere transmitir, lo hace sin dificultad y con gran claridad. Entonces procuraré decir mi opinión sin preconceptos ni alienación por el apellido del director de la obra. Dicho lo cual, voy a hablar de la película, la número veinte y la última por ahora de Pedro Almodóvar.

La película iba a haberse llamado “Silencio”, pero finalmente se ha titulado Julieta. Las razones las explica el mismo Almodóvar que declaró: «Cuando empezamos la preproducción me enteré que Martin Scorsese iba a rodar una película con el mismo título […] Scorsese y yo hemos terminado nuestros respectivos rodajes y ya podemos saber que coincidiremos en las pantallas del mundo el próximo año, por la misma época. Además se publicará de nuevo la novela en la que la película está basada, ´Silencio´, de Shûsaku Endô. La novela cuenta las peripecias de unos misioneros jesuitas en el Japón feudal del siglo XVII. Considero demasiados silencios en la misma época y prefiero evitar equívocos futurosClarito, creo.

Comienza la película cuando Julieta de mayor (Emma Suárez) está decidida a trasladarse de Madrid a Portugal, con su novio Lorenzo (Darío Grandinetti). Pero poco antes del viaje a Lisboa, por una casualidad del destino, se encuentra con Beatriz (adulta) (Michelle Jenner), una antigua amiga “íntima” de su hija Antía cuando eran adolescentes. Julieta hace trece años que no sabe nada de su hija, cuando se marchó tras haber cuidado de ella después de su enviudamiento, a una especie de retiro espiritual del cual ya desapareció del mapa para hacer su propio camino. Julieta ha vivido desde entonces una vida desolada por la ausencia de su hija.

Pero hete aquí que en el encuentro con Beatriz, ésta le cuenta que pudo hablar con Antía en Italia, en el lago Como, la cual le dijo tener tres hijos, y que se mostró arisca con ella. Julieta, aturdida por la noticia, decide cancelar su viaje a Portugal, quedarse en Madrid y comenzar a escribir sobre su hija: Querida Antía: Voy a contarte todo lo que no tuve ocasión de contarte porque eras una niña, porque me resultaba demasiado doloroso o por simple pudor… Su relato parte desde el mismo día en que conoció a su padre Xoan (Daniel Grao) durante un trayecto en tren en 1985, hasta el momento presente en 2015, de los 25 a los 55 años, tras mil calamidades. Un tiempo en el que además de perder a su hija y morir inopinadamente su esposo Xoan, también falleció su madre. Recuerda también en su escrito su época de juventud, aquella Julieta joven que interpreta Adriana Ugarte, en su época de profesora de griego, y posterior depresión tras enviudar, aquel tiempo en el que veía pasar la vida pasivamente, como zarandeada por las circunstancias. Pero un buen día recibe carta de su hija, carta con remite para transmitirle una mala noticia. Entonces, junto a Lorenzo, Julieta parte rápidamente a visitarla para ofrecerle consuelo.

La película resulta de una adaptación de los relatos “Destino”, “Pronto” y “Silencio”, de la Premio Nobel de literatura canadiense Alice Munro, que a su manera componen una novela corta alrededor de la ausencia y el quebranto. El film es ante todo una historia de féminas sobre el dolor, la tragedia, la culpa y la pérdida.

Pedro Almodóvar hace aquí una película que es diferente a otras suyas, pero que parece seguir el trazo de Los Abrazos rotos (2009) o La piel que habito (2011). Película en cierto modo laberíntica que se mueve por derroteros que parecen querer romper con el Almodóvar juvenil y fresco, para sumergirse en una panorámica letal y sonámbula sobre el sentido de la pérdida. Película excesiva sin duda en su desafuero, lo cual hace que el espectador se quede un poco atónito ante la falta de razones a tanta desventura como plantea el film.

Esta película no es ni la mejor ni la peor de su palmarés, pero de nuevo el manchego se introduce en el cosmos femenino, que parece entender, aunque encierro mis dudas sobre la perspectiva que aporta en torno a dicho universo de la mujer. La película es, eso sí, desoladora, y para algún espectador presumo que puede resultar conmovedora. Como escribe Martínez: … una de las películas más perturbadoras e intensas de uno de los últimos directores convencido del vértigo de los precipicios. Cada una de sus películas está planteada al límite y con el riesgo como única fe. La vocación del suicidio, quizá”.

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El guión del propio Almodóvar da la impresión de ser una adaptación razonablemente buena de los textos, que no conozco, de Alice Munro, de la que sí he leído otros relatos, siendo que es una escritora con grandeza y hondura; se prodigan el el libreto las elipsis y la narración en off.

La música de Alberto Iglesias es muy buena y ayuda a realzar las imágenes y a transmitir emociones y sentimientos de la forma más elegante posible. Esplendente, brillante y virtuosa la fotografía de Jean-Claude Larrieu; la cámara se mueve con delicadeza, aportando imágenes y secuencias muy bellas realzadas por el extraordinario uso del color y de la luz. Una producción genial y un montaje estupendo de José Salcedo, un habitual con Almodóvar.

Para mí, la principal actriz en el reparto con diferencia es una Emma Suárez que despliega su repertorio dramático en un nivel de credibilidad máximo; es quien dibuja auténticamente los sentimientos de la historia. Adriana Ugarte está bien, pero le faltan tablas; aunque ambas Julietas (Suárez y Ugarte) nos hacen partícipes a la vez del alma apasionada o atormentada de su personaje con miradas, gestos, formas de caminar o diálogos demoledores. Inma Cuesta correcta en su rol de amiga fiel-infiel. A Darío Grandinetti le he visto mejores trabajos. Rossy de Palma, un poco rara con esa permanente tipo estropajo metálico marca Vileda o algo así, pero en fin, está bien la señora: ¡quién la ha visto y quién la ve! Michelle Jenner está igualmente OK. Daniel Grao cumple. Y en un nivel excelente están los trabajos de Blanca Parés, Priscilla Delgado, Sara Jiménez, Tomás del Estal y Bimba Bosé; hasta Agustín Almodóvar hace de revisor de tren. Poco o nada que tildar al reparto, al contrario, buena conjunción y saber hacer.

Como digo, la película está basada en diferentes relatos de la Premio Nobel Munro, de cuyos relatos Almodóvar había quedado prendado, y cuyos derechos de autor adquirió. Y con ellos, Almodóvar ha creado una especie de “barroquismo dramático” en el que ya no cabe más tragedia y penar. Es como si hubiera dicho: a ver cómo encajo en estos noventa y seis minutos de película: el amor de Julieta y todos sus avatares que no son pocos, la muerte del marido y su desgarradora viudez, la muerte de su madre demente, la desaparición de su hija Antia aparentemente abducida por una secta, el suicidio del pasajero del tren, el ciervo en celo por la llanura nevada paralela al tren y en peligro de caer arrollado, los amores del padre, el novio Lorenzo anhelante, la enfermedad terminal de la escultora ex amante de Xoan y amiga de Julieta, la insinuación lésbica de su hija Antia con la amiga Bea, el atropello de coche de la protagonista, etc. En fin, es como un cuadro de El Bosco, donde hay de todo (en este caso nada bueno), pero sin la entidad de El Bosco, claro. Creo que el pobre público merece más calma, si no, podría quedar al borde del colapso. Por que como dice Batlle: Ya estás dentro, ya estás con Emma Suárez (Julieta madura), otra vez un personaje femenino de verdad; ya estás enchufado a la corriente de alto voltaje que te une a los sufrimientos humanos… Tanta tragedia, y lo afirmo en mi persona, por ser excesiva, me acabo resbalando; o sea, que no he sentido turbación alguna a lo largo del metraje. Y ahora intentaré explicar mejor este fenómeno, según mi modo de entender la cuestión.

Julieta cuenta una historia muy dura, sin concesiones, no da respiro al espectador. Mi sensación es que tanto penar para morirse uno, que decía Miguel Hernández, produce en el concurrente una sensación de inundación y por lo tanto de rechazo más o menos inconsciente. Es como cuando se hacen campañas publicitarias contra la caries dental, el tabaquismo o los accidentes de tráfico, ofreciendo imágenes de encías y molares destruidos, pulmones carbonizados o siniestros viarios con imágenes aterradoras. Esto, los psicólogos sociales lo saben, no sirve de mucho, pues nuestro aparato psíquico se defiende negando, olvidando y reprimiendo esas imágenes y mensajes, justo lo que se nos pretende meter con calzador, y así podernos sentir mínimamente tranquilos y en paz.

Este efecto de rebote ante tanta cosa descarnada y suicidal es lo que me atrevo a aventurar que ha inspirado a Boyero en su feroz crítica sobre este film, pues que quizá él se angustió, aunque no se haya apercibido ni sepa admitirlo, y la mejor forma de defensa frente a la angustia es racionalizarla afirmando que a uno no le toca lo que ve y escucha, lo cual además, hasta me parece sano a modo de preservarnos frente a la angustia e incluso ante tentaciones inconfesables. Es así que Boyero escribe sobre este film: … película de temática presuntamente intensa y de visión obligada por la cultivada y exuberante personalidad de su creador, aunque desde hace mucho tiempo me plantee por qué tengo la obligación de ver el cine de este señor y que, sin embargo, nadie me pida explicaciones por ignorar tanto celuloide de sufrir, desdeñar y tirar, llego a la conclusión de que lo único que me sugiere es silencio […] Silencio ante un argumento que pretende hablar con lenguaje estilizado y contenido de los sentimientos más devastadores, de la depresión a perpetuidad de una mujer que sufre el rechazo y el abandono de su única hija […] y que no logra transmitirme nada, ni emocional ni artístico. Es el problema que entraña no creerte nada, ni los sentimientos transparentes ni los subterráneos, ni lo que expresan los personajes ni lo que callan, ni protagonistas ni secundarios, ni el tonillo presuntamente natural que acompaña los diálogos…

Nadie va a dudar, más allá de lo que digo, que esta especie de thriller dramático es una vuelta de tuerca al melodrama clásico, película sobre la madurez y lo doloroso que puede resultar este proceso, pero también, sobre lo mucho que se aprende en ese transcurso. Un trabajo profundamente triste, desconsolado y paradójicamente y por lo que he dicho antes, es decir, en aras a la salud mental, fácil de olvidar.

Ahora bien, que la película tiene calidad y enjundia, no se puede obviar. Al final del film, cuando un atisbo de luz y confianza asoman en un eventual horizonte, suena la voz de Chabela Vargas a modo de recapitulación: https://www.youtube.com/watch?v=fLNoZDiTIl0.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=NHkGsbz8rLY.

Comentarios

  1. isabel porres

    Mañana la veremos.Gracias por tu critica.te la has currado bien ehhh

    • Enrique Fernández Lópiz

      Bueno, si te ha parecido bien, me alegra. A lo mejor me dices qué te ha parecido. En cuanto a haber currado la crítica, la verdad es que no; en una hora o poco más, ya estaba resuelta. Me parece que le he cogido vicio al tema y ya me sale por derecho la cosa. Besicos

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