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Bajo el sol de Los Ángeles, recordando Heat

Por Marcos Cañas Pelayo

Las luces de la carretera brillan a través de las ventanas, bajo olores de bistec y el aroma del café caliente. Los dos personajes entran en el establecimiento, concurrido de clientes nómadas, en esta estación de paso, donde probablemente ninguno volverá cuando las ruedas de su coche retomen el asfalto. Los espectadores de todo el mundo, se frotan los ojos, incrédulos, mientras se va a producir un momento histórico. Habiendo compartido cártel en esas dos brillantes películas en uno, que supone el pack de El Padrino II (1974), pero no escenas, al fin, el director Michael Mann, regala un momento que todos los aficionados estaban esperando: Al Pacino Versus Robert De Niro, Primer Asalto.

DUELO DE COLOSOS:

«Tengo el máximo respeto por su talento». La frase es pronunciada por Jared Harris, encarnando al doctor Moriarty, en “el primer encuentro oficial” con quien será su Némesis, Sherlock Holmes, mientras acaricia una pieza de ajedrez. El heterodoxo pero genial Robert Downey Junior, encargado de esta re-visitación con estética cómic, del personaje de Conan Doyle, tiene claro el éxito de ese antagonismo: «En esta historia, el villano hace las cosas muy bien. Es el secreto.».

Adversarios y, sin embargo, admiradores mutuos. El celuloide y la propia Historia, están llenas de ellos. En el caso que nos ocupa, un Robert De Niro que se ha recortado cuidadosamente la barba para la ocasión, mira con ese reverencial respeto a Al Pacino. En ese momento, uno de los instantes más celebrados del film, el malévolo y genial profesor Moriarty, no hubiera tenido ningún problema en admitir la inteligencia criminal de Neil McCauley, quien, en el film de Mann (1995), pone en serios aprietos a los curtidos agentes de California, entre ellos, Vincent Hanna (Al Pacino).

Debió resultar curioso para Pacino, tras tanto tiempo siendo el bad guy de la escena (Corleone, Tony Montana…), sentirse en el lado federal de este clásico instantáneo de los 90. Si bien puede resultar dudoso que en la vida real, el detective hable amigablemente con su presa, incluso pagándole la taza, es una licencia que, al igual que sucede en Seven, ilustre compañera de promoción de este film, el respetable está más que dispuesto a perdonar y consentir. Son las reglas para disfrutar del juego de este diálogo de confidencias entre dos perfectos desconocidos, destinados a combatir el uno con el otro.

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En la vida real, los dos italo-americanos habían competido por el puesto de Michael Corleone, a uno le aguardaba la gloria a la primera, pese a las dudas de los productores; al otro, la generosa espera que le condujo a calzarse el bigote de uno de los más grandes, Marlon Brando. Uno conducía el taxi de altas horas de la madrugada, mientras el otro marcaba el camino de Carlito… Ahora, a lo largo de un intenso metraje de 164 minutos, se verían cara a cara… las de una misma moneda, por cierto.

CIEN BALAS DE SOLEDAD:

«He dicho que vivo solo… no que mi apartamento esté vacío». La frase pronunciada por Baxter en la monumental El apartamento, refleja a la perfección la mentalidad del peculiar Neil. «Estoy solo, no soy un solitario», dice cuando cree conocer, al fin, eso que ha visto en otros miembros de su banda, pero que se le escapa. Pocas veces, un delincuente ha estado más imbuido de soledad… teniendo tantos lazos.

Unos cordones que, sin embargo, corren el riesgo de hacerle a uno tropezar. «Un tío me dijo una vez que no tengas nada que no puedas dejar en 15 segundos si la pasma te pisa los talones». Es una de las advertencias que da en la mesa de la cafetería a Vicent, cuando, al poco, Hannah reconoce que su vida no es otra cosa que una “disaster zone”. A pesar de opositar en los dos extremos, los dos comparten dolencia.

Dos personajes que son perfectamente sabedores de que el próximo encuentro, podría ser entre disparos. Y rara vez se han rodado mejores tiroteos que en Heat, con una influencia que es visible hasta nuestros días. Los primeros minutos de la obra de Mann, encajarían perfectamente en el comienzo de El Caballero Oscuro (2008), y el cautivador primer atraco del ácrata privilegiado que es el Joker de Heath Ledger. Incluso encontramos ya aquí a William Fichtner compartiendo roles similares en ambas producciones.

La claridad de esos combates a fuego cruzado de complicado rodaje, siempre ha sido del gusto del director que aquí las llevó a su máxima potencia, buscando recuperar la fórmula en la reciente, Enemigos públicos (2009). Sobresale en esos instantes, un Val Kilmer muy cómodo en su rol de importante secundario, el franco-tirador estrella de la banda de Neil. Mil veces menos previsor y calculador que su jefe, la persona que realmente se ha encargado de que siga con la cabeza sobre los hombros, pero a quien no deja de envidiar sanamente por la devoción que siente por su esposa (Ashley Judd) e hijo, algo que el lobo solitario, líder de la manada, no tiene.

Podemos hablar de las típicas hipérboles (munición casi indefinida, punterías propias de Lucky Luke…), pero, incluso en los clichés del cine de acción, Heat termina sabiendo sortear el espectro omnipresente de las americanadas más gratuitas. Cuando una furgoneta choca a escasa velocidad en una pared y no explota, tras uno de los intercambios de fuego cruzado, uno suspira tranquilo.

Tiene ante sí una velada agradable… aunque tal vez se alargue más de lo esperado.

MÉRITOS Y FALTAS:

Que los dos actores principales del film serán dos leyendas que pasarán a los libros de Historia del séptimo arte, resulta poco discutible. De idéntica forma, tampoco muchos negarán que ambos, han tenido fases finales de su trayectoria de su carrera, que público y crítico hubieran preferido que fuesen de otra forma.

Tanto De Niro como Pacino han tenido una gran tendencia, a la sobre-actuación. Viscerales, no tiene nada de extraño que cuando algunos cineastas han sido capaces de contenerlos un poco (Coppola, Scorsese…), hayan dado lo mejor de sí.

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Curiosamente, en esta producción de la Warner, ambos monstruos de la interpretación parecen dar un curioso recital de las esencias, de todas las virtudes y defectos que pueden llegar a atesorar. Especialmente explosivo e irregular está Pacino, creando a un personaje rico y con el que es fácil proyectarse, pero también dando momentos de absoluto desquiciamiento. De Niro, muy sobrio toda la cinta, como su personaje, empezaría a tener en esa década, el punto de inflexión que llevó a embarcarse en muy lucrativas empresas económicas, pero donde se incluían filmes muy alejados de la calidad de anteriores metrajes que seleccionaba con lupa.

Y lo mejor para el público, es que no lo hacen solos, todo en estos 164 minutos es grandilocuente y a mil por hora, incluyendo el lujo de un casting a prueba de bomba, en uno de los mejores repartos que el dinero puede comprar. Jon Voight, Hank Azaria, Amy Brenneman, Diane Venora, una jovencísima Natalie Portman, Danny Trejo… y un amplio etcétera. Muchos de ellos ya gozaban de una considerable fama, mientras que otros, a partir de esta aparición, fueron ganando muchísimos enteros en popularidad en las salas de proyección.

Siempre lista para una re-visitación, incluso paladares tan selectos como el del afamado crítico Carlos Boyero, reconocen que Heat es uno de esas visitas que deben realizarse casa ciertos meses, para volver a ver esa mano tendida, un puente de unión entre dos colosos de la actuación…

Talentosa, excesiva, exuberante, cargada, vibrante, sobrevalorada, infravalorada… Y, por supuesto, ante todo momento, cubierta en el protector paraguas de esas dos vidas paralelas que al fin se cruzaron en aquel plano en una remota cafetería.

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Comentarios

  1. Adrian Pena

    Demasiado densa, 45 minutos menos la habrían convertido en una obra maestra. Michael Mann realiza una gran dirección, pero creo que su cinta esta algo sobrevalorada, Pacino y De Niro ayudan a que se le valore por encima de lo que es.
    The Town, de Ben Affleck es la nueva Heat de estos últimos años, gran dirección, grandes actuaciones como la de Jeremy Renner e infravalorada como pocas. Me quedo con esta última antes que con la de Mann.

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