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¡Ave, César!

Por Alejandro Arranz

-Una comedia muy divertida, con algunos momentos increíbles; pero demasiado simple, ligera y amable para ser una de las grandes obras de los hermanos.
-Los Coen homenajean el cine clásico y radiografían la industria con agudeza, a través de una serie de estereotipicos y carismáticos personajes/cameos. Estupendo Brolin e hilarante Clooney.

Los hermanos Coen son unos directores-guionistas únicos en la historia. Su firma es perfectamente diferenciable pero por un par de razones que no me alargaré explicando aquí, son mucho más elogiados por sus tragedias y thrillers que por sus comedias (permítanme exceptuar El Gran Lebowski). Siempre oigo hablar mucho de Muerte entre las flores, de Fargo y de No es país para viejos. Sin embargo sus comedias como Arizona Baby, El gran salto o Quemar después de leer -entre otras- no suenan del mismo modo entre el público. No negaré que el thriller es su género por excelencia, que empezaron con él, tocaron el cielo con él y se mueven en él como pez en el agua; pero su comedia negra siempre me ha parecido uno de los puntos fuertes de su estilo. De hecho creo que han madurado mucho como autores en la última década y que son unos de los pocos directores que siguen entregando historia diferentes, reflexivas y adultas. Y no hablo sólo de Inside Llewyn Davis, sino de esa pequeña obra maestra tan infravalorada como desconocida, Un tipo serio. Si Fargo y No Country for Old Men son sus grandes thrillers, ésta es (sin ser la mejor) la película con la que alcanzaron su plena madurez en la comedia (negra, dramática, etc). Ahora, tras el amargo filme protagonizado por Oscar Isaac, nos traen su carta de amor al cine en forma de comedia ligera que emula al cine clásico. Entre los muchos nombres del brillante elenco encontramos a: Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Channing Tatum, Scarlett Johansson, Frances McDormand, Jonah Hill y Christopher Lambert.

Lo primero es lo primero, Hail, Caesar es un homenaje al cine clásico pero también es una crítica a la industria. Como tributo amable es divertido y perspicaz, como sátira le falta garra y negrura. La trama es fina como el papel de liar, poco importa, pues la historia del secuestro no es sino una mera excusa para todos los demás momentos humorísticos, el desfile de estrellas y la pedazo interpretación de Brolin como detective/jefe de producción en busca de su estrella robada, a la vez que intenta solucionar todos los demás problemas del estudio y sus cuestiones personales. Por tanto el conflicto funciona de dos maneras, para que Eddie Mannix (Brolin) afronte -a su vez- su conflicto personal y para que la investigación desemboque en muchas escenas cómicas relacionadas con el mundo del cine y los alocados personajes (puros estereotipos de la industria cinematográfica) que forman ese gigantesco “plató”. Los gags están enlazados con maestría e ingenio, pero al acabar la película no parece haber visionado algo completo, cohesionado y coherente, sino más bien un conjunto de jocosos “sketches” unidos con evidente sentido del ritmo y de los elementos del lenguaje cinematográfico. Además en esta ocasión a los Coen les ha faltado mucho de su espíritu inquebrantable, han hecho una película demasiado afable, sin mala leche, ni una pizca de ese humor negro tan propio; inaceptable.

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Por el contrario la encuentro tan entrañable, tontorrona, absurda y repleta de resonancias a los Monty Python que no puedo evitar quedar fascinando; me es imposible no aplaudir escenas como la discusión religiosa, el momento Stanislavski, o el bendito final del personaje de Clooney. El guión más allá de diálogos y situaciones hilarantes que formen una sólida sátira sobre la industria o el cine de la época, y una sabiduría del medio que disfrutarán mucho los estudiantes y trabajadores del mismo; deja caer en algunos momentos puntuales temas sobre la prensa, las apariencias y una burla general sobre como la llegada de la televisión y la caza de brujas de McCarthy no consiguieron acabar con el reinado del séptimo arte. Creo que una de las partes más sofisticadas del trabajo de los hermanos es la escena del visionado del filme en el preestreno, sutil, tragicómica y más densa de lo que parece, como un par más que esconden mucho más de lo que aparentan. Por último quiero comentar el decepcionante reparto, totalmente desaprovechado, porque prácticamente todas las estrellas simplemente protagonizan su respectivo cameo en su respectiva escena cómica y nada más. Es cierto que en sus momentos hacen gracia, pero no es suficiente. Salvo a Ralph Fiennes porque está genial, a George Clooney en la piel de ese encantador e ingenuo bobalicón, y por supuesto a Josh Brolin, que está sensacional de principio a fin.

Hail, Caesar es una vivaz carta de amor a la época de los grandes estudios y se nota que los Coen se lo han pasado en grande mientras la rodaban; pero lamentablemente han perdido algunas cosas muy importantes por el camino y han tomado algunas decisiones confusas que la han acabado convirtiendo en una obra menor, demasiado sencilla, inofensiva y sin presencia evidente de firma. Me alegro de que no se olviden del tipo de comedia que ofrecieron en tiempos pasados, pues Hail, Caesar es prima-hermana de O Brother! y Arizona Baby además de heredera de los Monty Python, y como cinéfilo gozo enormemente de su soberbia vis cómica, pero a éstos genios les pido algo más que una cinta palomitera muy disfrutable con algunas magistrales escenas de humor. Al encenderse las luces de la sala, una mujer sentada detrás dijo: “Es una película de Josh Brolin”. Estaba en lo cierto.

Alejandro Arranz

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