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Asuntos delicados, en una película humana y hermosa

Por Enrique Fernández Lópiz

Quedé muy gratamente impresionado con esta Moonlight, que aborda con tacto y sensibilidad asuntos humanos complejos como la homosexualidad. La tendencia sexual es una característica que se adivina desde la tierna infancia en signos como el gusto por determinados juegos, las aficiones o una sensibilidad diferente ante la vida y las cosas. A veces se discute sobre el origen de la inclinación sexual. Se argumentan razones biológicas, hormonales, etc. Sin embargo, el film muestra en parte lo que ahora diré. Yo no dudo, desde cierta competencia profesional y de experiencia, que la homosexualidad tiene un origen netamente psicológico y afirmo que las circunstancias que rodean la crianza determinan esta condición que se construye y cristaliza inintencionadamente el individuo. Lo que dicho de una manera sencilla sería decir que nada hay en la naturaleza humana que dicte la atracción sexual en los varones ni en las mujeres. Esto depende de razones puramente psíquicas.

La homosexualidad se vincula con el complejo mundo de las identificaciones en la etapa infantil. En el niño homosexual, por razones aún no bien explicadas, concurre la imposibilidad de identificarse e introyectar las cualidades del progenitor varón. Y en la niña homosexual acontece igual pero con la madre. Hay algo que impide o se opone a estos mecanismos identificatorios, resultando una prevalencia de lo femenino en el varón o un predominio de lo masculino en la hembra. No olvidemos que nacemos más indefensos que cualquier especie animal sobre la faz de la tierra. Por lo tanto, precisamos de un “segundo útero materno” (Roff Carballo) que es la familia: padres, hermanos mayores o educadores, para sobrevivir. Esto es lo que se conoce como infancia prolongada o “prematuridad” en nuestra especie humana, a diferencia de otras especies cuyas crías nacen más competentes para desenvolverse y sobrevivir apenas alumbradas. Esto, que pudiera parecer un hándicap, es por el contrario fuente de riqueza y diversidad. Esta mayor dependencia del bebé hace que nuestro psiquismo, que se edifica y cuyas manifestaciones emocionales y sociales resultan de este largo período en familia, tenga en la cría humana una diversidad y complejidad de tendencias y atributos que no puede lograr especie alguna diferente a la nuestra. No sólo se adquieren la inteligencia, el lenguaje, la vida emocional o las relaciones sociales, tan diferentes en cada cual. Así también, nuestra sexualidad no es ajena a este fenómeno, siendo mucho más rica y diversa. Como prueba, sabemos que la atracción sexual no sólo se dirige a otras personas. Puede haber una sexualidad fetichista (destinada a objetos físicos), bestialista (mantener sexo con animales), paidofílica (con niños/as), voyerista (el placer de mostrarse), sadomasoquista (movida en los bipolos de ser castigado o castigador durante la relación), donjuanista (cambiar compulsivamente de pareja), erotomaníaca (obsesión por el sexo), onanista (centrada en el autoerotismo, la masturbación), etc. Entonces, no existe ninguna evidencia, más que la educativa o formativa durante los primeros años de vida, que explique esta variedad de inclinaciones sexuales, como digo, inexistente prácticamente en el reino animal en su estado natural.

Lo que desde luego no se puede admitir a esta altura del segundo milenio es que la condición sexual de una persona sea motivo de discriminación, abuso y menos mal trato. La cinta muestra los guetos de la droga habitados por gente de color, donde se da una prevalencia feroz del machismo. En este contexto el crío protagonista, que ya desde el principio siente que es distinto a sus compañeros varones que le llaman marica, apenas sabe que comunicarse más que con su triste mirada de marginado (Barry Jenkins conoce de primera mano los guetos de Miami).

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Pero vayamos a esta película en la que se cuenta la historia de infancia, adolescencia y madurez de un chico negro que crece con una conflictiva madre y en un entorno escolar hostil, en una zona difícil de Miami. Por cierto, el título Moonlight parte del relato de uno de los personajes al que le contaban que “bajo la luz de la luna, los negros parecemos azules”. En el film no aparece ningún blanco. La película tiene tres actos:

I. De niño, Chiron (Alez R. Hibbert) es retraído y de escasa envergadura al que apodan “pequeño” (“little”), recibiendo malos tratos de parte de sus compañeros de escuela. Pero en una ocasión de acoso, conoce a Juan (Mahershala Ali), una especie de capo de la droga, también de color, que lo lleva a su casa. Juan vive con su novia Teresa (Janelle Monáe) y ambos serán personajes adultos de gran importancia para él y su pobre vida de víctima. La madre de Chiron es Paula (Naomie Harris), una mujer drogadicta y nada afectiva. También, otro niño negro, Kevin (Jaden Piner), mantiene una buena amistad con él.

II. Una vez en la adolescencia, Chiron (Ashton Sanders) es frecuentemente acosado, particularmente por el terrible Terrel (Patrick Decil), pero sigue siendo amigo de Kevin (Jharrel Jerome); su madre ahora consume crack y tiene comportamientos particularmente hostiles hacia él. En esta fase Juan ya ha fallecido, pero Teresa y Chiron siguen siendo amigos e incluso el joven pasa noches en su casa, convertida ésta en segunda madre. En esta edad se destapa la homosexualidad de Chiron que mantiene una esporádica relación con su amigo Kevin. Tras una dura agresión en la escuela por iniciativa de Terrel, Chiron, una vez repuesto, agrede duramente a su rival y es detenido y conducido a un correccional por la policía.

III. Ya de adulto, Chiron (Trevante Rhodes) es un jefe traficante de drogas en las afueras de Atlanta, vida similar a la de su protector Juan. Una noche recibe una llamada de Kevin (André Holland), quien le dice que le gustaría volverlo a ver. Y así ocurre.

En su segunda película, Barry Jenkins se acerca con gran tacto y delicadeza a un entorno de droga, homosexualidad y acoso; divide su película en tres actos que coinciden, como decía, con la infancia, la adolescencia y la adultez de un protagonista que sufre mucho y que tiene que hacerse a sí mismo a base de golpes y desafecto. Una obra de negros, en una cultura machista con evidentes signos homófobos. Por lo tanto, la película ya se presenta ab initio, como algo que puede resultar crudo, chocante e incluso sangrante. Sin embargo, es de admirar el tacto y la comprensión, amén de buen hacer cinematográfico, con que Jenkins aborda una historia que parecía abocada a la confrontación y el desatino. La cosa radica en que el film solventa cualquier destemplanza o salida de tono, con un sólido marco que sitúa lo relevante como un elemento de significado valor, prescindiendo de subterfugios y accesorios.

En el guión del propio Jenkins, la trama discurre en un caluroso Miami, siguiendo la obra teatral de Tarell Alvin McCraneyIn Moonlight Black Boys Look Blue (“A la luz de la luna los chicos negros parecen azules”). El libreto narra la historia entre el sueño y lo luminoso, pues al fin el argumento no es más que un subterfugio para hacer crecer el relato de lo que sucede, tomando distancia de la dureza que preside la historia. “Es cine sonámbulo en el que el espectador es invitado a compartir la aventura equinoccial y emocional de su protagonista entre la fiebre, el calor y el miedo” (Martínez). Tiene una excelente música de Nicholas Britell, bella fotografía con gran sensibilidad visual de James Laxton y una buena puesta en escena.

Los actores, todos de color, están excelentes: Trevante Rhodes, magnífico y sabedor a la hora de expresar el dolor acumulado en años de hacerse a sí mismo como el Chiron adulto, traficante y enamorado de su antiguo amigo de infancia. Naomie Harris, impresionante como madre drogadicta y desafectiva. Mahershala Ali está de extraordinario como Juan, el cuasi padre del pobre niño acosado, trabajo por el cual está nominado a un Oscar. Asthon Sanders con una nterpretación veraz y creible en el papel del enclenque y frágil adolescente Chiron. André Holland hace una buena interpretación de su amigo y amor Kevin de adulto. Alex R. Hibbert es el Chiron niño, de mirada profunda y expresiva. Janelle Monáe estupenda como Teresa, la madre sustituta. Jharrel Jerome muy bien como el amoroso amigo Kevin adolescente. Shariff Earp bien como Terrence. Patrick Decil, el tremendo muchacho agresor. Y cerrando Duan Sanderson y Edson Jean.

Premios y nominaciones en 2016 (a fecha 11/02/17): Premios Oscar: 8 nominaciones, incluyendo Mejor película y director. Globos de Oro: Mejor película drama. 6 nominaciones, incluida Mejor director. Premios BAFTA: 4 nominaciones, incluyendo Mejor película. American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año. National Board of Review (NBR): Mejores 10 película, director y actriz secundaria (Harris). Premios Independent Spirit: Mejor reparto. 6 nominaciones incluida película y director. Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor director, actor secundario y fotografía. Críticos de Los Angeles: Mejor película, director, actor secundario y fotografía. Círculo de Críticos de San Francisco: 6 premios, incluida Mejor película y director. Festival de Mar del Plata: Mejor actor (Mahershala Ali). Premios Gotham: Mejor película, guión y reparto. Critics Choice Awards: Mejor reparto y actor sec. (Mahershala Ali). 10 nominaciones. Sindicato de Productores (PGA): Nominada a Mejor película. Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director/película. Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión original. Sindicato de Actores (SAG): Mejor actor secundario (Mahershala Ali). British Independent Film Awards (BIFA): Mejor película internacional. Satellite Awards: Mejor actriz secundaria (Harris) y guión original. 7 nominaciones.

Estamos ante una película en la que Jenkins hace un sutil y profundo retrato del personaje a lo largo de su vida hasta la adultez, dando margen a la imaginación del espectador, pero mostrando con aguda observación las tres etapas que aborda: “Sufriente en la vulnerabilidad de la niñez, defendiéndose a bocados contra el abuso pero también descubriendo el amor y la ternura en la incertidumbre que acompaña a la adolescencia, disfrazado de hombre duro y aparentemente triunfador (el mercado de la droga ofrece estatus) a los veintitantos años, pero con el recuerdo intacto de su primera entrega íntima” (Boyero). Es una cinta hermosa, elegante, sin efectismos e impredecible en gran medida. También hay amor, pero un amor casi escondido, púdico, nada escabroso, presentando siempre a un personaje que sólo desea encontrarse a sí mismo y ponerse de acuerdo con la vida.

Para los estudiosos o interesados en el desarrollo humano, este film es paradigmático, pues su director acierta a exponer el recorrido vital del protagonista y las emociones y conmociones por las que va pasando, desde que es un niño acosado y sin amparo materno, un niño sólo y maltratado; pasando por una adolescencia en loa que por vez primera toma conciencia de su homosexualidad, a la vez que vislumbra que precisa de una coraza para sobrevivir; coraza que consigue con esfuerzo en la cárcel, donde se convierte al fin en un hombre adulto, musculado y fornido, mandamás en el tráfico de droga y al que nadie le chista. La película describe las difíciles circunstancias sociales que lo arrastran en su progresión, pero sin entrar en excesivos detalles que el espectador se ahorra por innecesarios. Lo que resulta es una natural aceptación de las “las elipsis, y no es preciso ver el camino de sus metamorfosis, sin duda durísimo, para entender sus variaciones físicas y psicológicas, y una mutación mezcla de sí mismo y de aquel personaje de su infancia que lo ayudó […] Es una película dura e imantada, de narración y cámara precisas, y que probablemente viene, más que a criticar situaciones sociales y existenciales, a proponer un inevitable consenso entre ti mismo y tu entorno” (Oti Rodríguez).

Si en esta película resulta llamativa la naturalidad en el abordaje de una historia tan difícil como delicada, historia que no acaba en tragedia ni en desesperanza, sin embargo, lo más asombroso, como apunta Yago García es la soltura con la que se está́ abriendo camino en la temporada de premios pese a saltarse muchas normas aceptadas del llamado ‘drama social’. Contando ni más ni menos que la construcción de una identidad, lo cual ya es mucho”. Así es, una conflictiva que aún sigue siendo tabú, película exclusiva de gente de color y ahí está, candidata a casi todo. Ya veremos.

La recomiendo, sí. Lo hago por parecerme una obra plena de humanidad, “innegablemente mayor desde la más desarmante de las pequeñeces; de esas que a veces encienden los espíritus de cierta masa durmiente de espectadores sensibles” (Trashorras), con una narrativa y un pulso digno de todo elogio, “con un tono que bascula del realismo documental al drama íntimo” (Quim Casas), y que goza de un reparto que es, sin más, de lujo.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=YGQJZspOEcM.

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