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Asalto al poder

Por Áralan Aidir

Uno se pregunta por qué de cuando en cuando, y con una temporalización pésima, una misma temática coincide en los cines. Ahora es un asalto terrorista a la mansión más famosa de toda Norteamérica. Asalto al poder nos llega después de Objetivo: la Casa Blanca, como en el 98 les dio por los meteoritos destructores de mundos con Armageddon y Deep Impact. Recordemos también que no muy seguido en el tiempo nos llegaron dos hecatombes volcánicas de la mano de Volcano y Un pueblo llamado Dante’s Peak. Esta repetición ya lastra de por sí la película que se estrene en segundo lugar, pues si ya estamos acostumbrados a películas de catástrofes, la repetición inmediata de la temática hace que el interés decaiga mucho.

Roland Emmerich, especializado en cine de acción y catastrofista (Soldado Universal, Stargate, Independence Day, Godzilla, El día de mañana, 10.000 BC, 2012…) y el alemán más estadounidense (cinematográficamente hablando) que ha parido madre, da exactamente lo que promete. Si algo tiene este director es que no engaña. Nunca lo ha hecho. La pirotecnia es impecable y la destrucción es masiva, la acción es constante y el drama familiar sacado del cliché del estereotipo está asegurado; y siempre nos va a regalar un presidente de EE.UU. que no se puede quedar de brazos cruzados. Repite fórmula una, otra y otra vez y la verdad que Emmerich domina el tema como nadie. Entre la acción a raudales bien llevada, la buena química de Tatum y Foxx; con James Wood y Jason Clarke muy bien metidos en su papel de malos y la niña sabelotodo Joey King, las dos horas de película pasan en un suspiro, al igual que en Objetivo: la Casa Blanca (cuya crítica de Adrián Peña en esta misma página subrayo y apoyo al 100%). Entre todo esto, tenemos a un presidente de EE.UU. que no hay dios que se lo crea, a un héroe que está en el lugar equivocado en el momento más inoportuno (¿nos suena?) y que él solito lo va arreglando todo con la ayuda de los secundarios que están fuera de la zona cero en cuestión. En medio de todo esto, artimañas políticas de pan y melón y un perfil de personajes tan profundo como un charco de verano.

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Que nadie se engañe: si alguien quiere ver a un soldado homosexual vejado en el ejército como héroe que vive en una comuna de sexo libre y se encuentra pillado en medio de un asalto a un edificio emblemático porque había ido a ver a su amante (el vicepresidente de los EE.UU., que a su vez se lo monta con dos de sus secretarias a trío porque defiende firmemente la poligamia como perfecta forma de vida); si alguien quiere encontrar a una niña preciosa experta en política y miembro activo del 15M o de Anonymous; si alguien quiere ver lo que los presidentes son realmente o se terminan convirtiendo (políticos que han llegado pisando cuellos, repartiendo favores, que su único interés es el de mejorar la situación de ciertos amigos de su país por encima del bien común nacional o internacional y, de paso, asegurarse una jubilación millonaria –lo que provocaría que el héroe en vez de salvarlo, quisiera cortarle el cuello); si alguien quiere, digo, crítica social o algo diferente, está claro que tiene que cambiar de sala, de película y de director y de idea.

Esto es cine palomitero cargado de clichés para adolescentes, para desconectar las neuronas durante dos horas y asistir a un buen espectáculo visual.

¿Es lo que quieres? Pues entonces no te aburrirás. Que la disfrute el que pueda.

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Comentarios

  1. Adrian Pena

    Gran crítica y toda la razón, sin duda. El cine se puede entender de muchas formas; como arte (las obras maestras), como entretenimiento (‘Los Vengadores’ o este film) o de muchas maneras. No hay cine bueno ni cine malo, eso varía según los gustos. Yo soy de esos que piensa que para cada momento hay una película diferente, y por lo que veo tú también.

    La única pega es que a mi particularmente el cine de Emmerich no es que me guste particularmente. Es demasiado excesivo en todo, un director con poca contención, pero el que va al cine a ver una película suya ya sabe lo que se va a encontrar, por lo que podríamos decir que es un director que nunca ha engañado a nadie.

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