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Aquellos años ochenta y la ‘crisis de los cuarenta’

Por Enrique Fernández Lópiz

Estoy en crisis es una comedia que habla de la denominada “crisis de los cuarenta”, que hoy, con el aumento en la expectativa de vida, ya son crisis de los cincuenta e incluso de los sesenta. Este tipo de crisis constituye un período de transición en el cual los sujetos, por lo común varones, pero esto está cambiando y también se han añadido las féminas, se encuentran en un momento intermedio de edad, casados y con hijos por lo común, aburguesados y todo eso, que empiezan a sentir que se les va la juventud y con ella, las oportunidades de vivir la vida más intensamente, con más plenitud. Estas crisis de la medianía de edad se caracterizan por cierta auto indulgencia, la búsqueda de sensaciones nuevas como comprarse una moto o un auto deportivo, iniciar nuevos y por lo común erráticos amoríos con parejas más lozanas, es decir, actividades más propias de la juventud. Es obvio que estas cosas las hace quienes poseen recursos económicos para ello, por eso es que este tipo de “crisis” son más propias de la clase media, media-alta, que de la clase trabajadora o menos pudiente que bastante hace con subsistir.

La trama se centra en un vivales de nombre Bernabé, hombre cuarentón en buena posición como director creativo de una importante agencia de publicidad. Es un hombre casado con una bonita esposa y con hijos, en un hogar confortable y con todas las papeletas para ser feliz. Pero está insatisfecho y como forma de sortear esta sensación de vacuidad Bernabé está obcecado en seducir a cuanta mujer se le pone por delante, persiguiendo mujeres y dándose golpes a cada tanto. Pero en el rodaje de un anuncio conoce a una preciosa joven de nombre Lucía a la cual trata de conquistar a toda costa haciéndose pasar por ecologista como ella, aunque paralelamente mantiene relaciones con una amante y continúa con su esposa: ¡mucho trabajo! La atractiva muchacha y ecologista Lucía, obviamente tiene otras ideas y otras aspiraciones que van más allá de una aventura pasajera con un hombre mayor (para ella). En realidad las cosas no le salen bien al pobre protagonista e incluso su esposa acaba por abandonarlo con su mejor amigo.

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Fernando Colomo pretende hacer la típica comedia con tintes madrileños sobre un sujeto que seguro que figura en cualquier manual sobre el perfecto cantamañanas, individuo empeñado obsesivamente en hacer que sus crisis sean las de todos, o sea, que incluya a su esposa, a sus hijos, a su amante habitual y a su nueva amante. El guión del propio ColomoAndreu Martín apenas pasa el corte pues está plagado de tópicos, vueltas de tuerca y variaciones sobre el mismo tema. Tiene una pasable tirando a cortita música de José Nieto y una decente fotografía de Ángel Luis Fernández.

En el reparto está José Sacristán en su formato de siempre; solvente, aunque a mí ni me guste. Cristina Marsillach está regular, limitada, mona sí, pero con escaso repertorio actoral. En ese sentido mucho mejor es el trabajo de Mercedes Sampietro como amante y abnegada esposa del pelanganas de su marido. Bien Fernando Vivanco como el amigo y cómplice Benavides; Marta Fernández-Muro está graciosa y resultona como compañera y amante. Y del resto se puede decir que es un reparto solvente en parte “en el verbo ágil, el diálogo suelto y el corazón contento” (Martínez); así: Enrique San Francisco, Antonio Resines (helo helo por do viene), Miguel Rellán y Luis Ciges (que me encanta y que siempre estuvo desaprovechado).

Es una película de mediana para abajo que yo, particularmente, la soporté mal, “Es decir, más comedia madrileña sobre un guión del catalán Andreu Martín” (Martínez). Pero en esta ocasión Colomo no logró alcanzar los resultados previstos, en gran medida “por un desarrollo dramático poco original y repetitivo” (Morales). El caso es que la cinta tiene un puntito entre cómico y existencialista, entre sexual y filosófico, llevado de la mano de un Sacristán para el que parece han escrito el papel. Pero mediado el metraje la cosa se viene abajo y deviene sainete de jovenzuelos y golpes por culpa de un libreto que carece de consistencia y por el mal hacer de los actores bisoños, sobre todo, como y como ya he señalado, por la Marsillach, tan bonita como infausta actriz.

En definitiva, es una película simple, a veces incluso trasnochada, con la figura de un vaina de cuidado como abundaban en esa época de pretendido lujo y ostentación, coche Porsche incluido para ligar mejor. Sin embargo y como dice Morales: “El conjunto, no obstante, se puede ver”. Esta comedia madrileña sobre un guión, curiosamente del catalán Andreu Martín, a lo más que aspira es a servir a modo de documental con gran valor, eso sí, pues así éramos en aquellos inicios de los ochenta, así eran los soplagaitas, los ropajes, los coches y los garitos de moda.

No he podido encontrar ni el tráiler de esta película, cuyas señas en Youtube suelo poner al final de mis críticas de cine: ¡sintomático!

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Comentarios

  1. Jose Manuel Morales

    Gran verborrea, Enrique. Me gustó tu crítica :)

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Gracias colega José Manuel, me alegra te gustara mi crítica. Lo que no me afrada así de entrada es lo de la ‘verborrea’, pues además, el término se emplea para aquel que “habla” con un exceso de palabras; o sea, del tipo que es una lata, un parlanchín coñazo. Pero supongo que si te ha gustado, no es eso lo que quieres decir. Un abrazo amigo!!

    • Jose Manuel Morales

      Elogiaba tu capacidad para meter palabras cultas y puedes llamarme Jose.

  3. Enrique Fernández Lópiz

    Gracias José, sobre todo agradezco que hayas leído mi crítica. Nostros, los que escribimos en ojocritico (o donde sea), tenemos el secreto deseo de ser leídos. Yo también te leo y me gusta mucho lo que escribes y te lo he dicho en alguna ocasión, recuerdo por ejemplo tus comentarios a esa maravillosa película que es “Cowboy de medianoche”. Un abrazo José

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