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Appaloosa. Un Western da calidad y altamente estimulante

Por Enrique Fernández Lópiz

La historia se desarrolla en 1882 en Nuevo México. El agente federal Virgil Cole (Ed Harris) y su colega Everett Hitch (Viggo Mortensen), dos exsoldados curtidos en mil batallas, son dos guardianes de la ley y verdaderos amigos, con el honor por delante y por encima de cualquier tipo de afrenta. Son ellos los que han conseguido pacificar más de una ciudad sin ley, y ahora reciben el encargo de pacificar Appaloosa, pueblo minero que se ha quedado indefenso tras el asesinato de su máxima autoridad. Appaloosa está subyugada por Randall Bragg (Jeremy Irons), poderoso ranchero violento y despiadado con un ejército de pistoleros bajo su mando. Cole y Hitch se trasladan a este lugar para atrapar a los asesinos. La empresa tendrá sus dificultades pues además del asedio de  los forajidos del malhechor local, se produce la llegada al pueblo de Allison French (Renée Zellweger), viuda atractiva, casquivana y con tácticas poco ortodoxas, que seducirá a Virgil, lo cual pondrá en riesgo la larga amistad de éste con Everettse.

Es un western que bebe de diversas fuentes como el espagueti-western de Leone o el western más convencional de Sturges o Hawks. Pero sudirector Harris le añade elementos modernos que hacen de esta película un atractivo film difícilmente clasificable, pero que se ve con gusto.

Su director y actor Ed Harris se ve que ama el género y se esmera en una realización original basada en un guión de su autoría junto con Robert Knott y basado en una novela de Robert B. Parker. Esta novela llamó la atención de Harris, en la visión de sus protagonistas que hacían gala de honor y compañerismo. Hay una buena música de Jeff Beal; y excelente fotografía de Dean Semler que le da luz y encuadre a la trama de color.

Lo que habría podido ser una película de vaqueros tradicional, con Harris se convierte en una cinta que indaga la psicología de sus personajes, y así, apartándose de los tópicos de siempre en este género, construye una forma de western más actualizado, en el que se abordan temas universales como la amistad, la camaradería, la nobleza, la pasión y en general los sentimientos humanos. Todo ello enmarcado en el terreno de un lejano oeste de agrestes paisajes, vida dura y donde no hay ley ni orden. Es como enseñar ese lado sensible que todos tenemos pero que tradicionalmente no se muestra en el tópico del vaquero duro. Harris dirige con pulso esta historia de dos amigos, y los avatares a que se ve sometida su amistad por la interferencia de una mujer de poco fiar. Pero Harris traza sutilmente y con inteligencia estos matices de amistad, amores, filias y fobias sin recurrir a la extrema violencia ni a los tópicos de siempre. Así, los personajes de la película son descritos con trazos firmes y sin barroquismo, y trepidan con sus acciones y sus intimidades sin necesidad de recurrir en exceso a los diálogos estériles: son vitales y trasladan con eficiencia extrema sus emociones al espectador. Así, Harris  cambia de registro y deja por sentado que además de gran actor es también un director sensible e inteligente.

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El reparto está compuesto por un equipo de actores comprometido y eficaz, que hace posible ese escudriñar en la interioridad de los personajes. Así, el propio Harris está pero que muy bien en su papel de Sheriff omnipresente y sentando cátedra en cada escena; Viggo Mortensen, con un rostro sembrado, está memorable, se ve que se supera en cada película y con cada película se ha hecho mejor actor. La química entre Viggo Mortensen y Ed Harris es absoluta (ayuda la inteligente habilidad del propio Harris para compartir un único plano con su amigo durante la mayor parte de la obra). Renée Zellweger encarna la mujer casquivana y representa muy bien a la frescura (en el regular sentido) y lo voluble, contrastando de manera abierta y sin disimulos con sus acompañantes que más bien son serios, sobre todo amigos, y justicieros; y finalmente Jeremy Irons interpreta con genial maestría al supermalvado Randall Bragg con sus facciones aristocráticas y perversas. Y no olvidemos que tiene sus momentos en la escena nuestra actriz Ariadna Gil que sale airosa en su papel de amiguita de Mortensen. Entonces un reparto muy bueno e interpretaciones creíbles y plásticas en sus diferentes roles, potente recital interpretativo que se clava de lleno en las retinas.

Quiero en esta parte penúltima de mi crítica hacer algunas observaciones que a nadie que vea la película escaparán, estas son la siguientes. La primera es que en los western tradicionales, la mujer que está con el héroe suele ser legal y amantísima mientras lo espera con el estofado servido hasta que al buen señor se le ocurra colgar la estrella de Sheriff, mientras que en esta cinta la tal señora es una mujer desvergonzada y oportunista que se agarra al hombre que más le interesa en cada momento (lo que da lugar a un tambaleo en la amistad de los protagonistas). El héroe, en el común del western es imperturbable, implacable, audaz y aventurero; sin embargo aquí aparece como un hombre cansado de andar rodando por el mundo y queriendo sentar cabeza y enterrar el hacha de guerra en el encuadre de un acogedor hogar y eliminar la violencia de su línea de visión. El villano, por su parte, teje su imperio granjeándose la confianza inocente de sus parroquianos para luego someterlos; o sea, es un “fixo de la gran putaña” que recorre el camino inverso, persiguiendo la liberación y la legitimidad de un negocio próspero y digno. Y el amigo del héroe es quizá el más genuino, el que abandona el “campo”, o sea, el lugar, al amigo, etc., en pos de su propia libertad e independencia.

Es un western original, psicológico, introspectivo, que alzaprima el valor de la amistad y la lealtad transmitiendo buena onda ética, que no abusa del gatillo fácil ni de la acción innecesaria. Incluso el duelo final Mortensen-Iron es impecable y casi cubista, con imágenes sencillas donde Mortensen se pone de perfil para que el contrincante no acierte el disparo: ¡genial! Una película audaz, que no es el film que no quiere ser. Como señala Boyero (si me permiten): Con diálogos brillantes, contundentes e impagables, con personajes imprevisibles que nunca son de una pieza, con situaciones llenas de tensión [...] Es un western raro, pensado y sentido, de los que se recuerda.”.

En resolución, no es uno de los grandes del género, pero es una buena película, una película estimulante, que transmite buenos valores y no abusa de la sangre salpicando. Y no olvidemos el final, un final en el que Mortensen cabalga en el plano de un crepúsculo desértico de los de western de toda la vida, cerrando el círculo de una película altamente sugerente.

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