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Antimilitarismo y antibelicismo: dos en uno

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando he vuelto a ver La chaqueta metálica –ya la he visto tras su estreno más de tres veces- dudé si hacerlo o apagar e irme. Pero me quedé, y analicé lo más detenidamente que pude la película. En realidad es un film crudo, muy crudo. Hace poco hice una crítica de otra película bélica de Stanley Kubrick, Senderos de gloria de 1957 y decía de ella que era un film antimilitarista sobre todo, y un icono del pacifismo universal en la cinematografía. Aquella relataba la Primera Guerra Mundial en Francia; y la verdad, es muy dramática. Si Senderos de gloria era una película ante todo antimilitar, La chaqueta metálica nos da una clara doble ración: antimilitarismo y antibelicismo.

Esta cinta toca la intervención de los EE.UU. en Vietnam, y es igualmente trágica y apocalíptica, y vuelve a ser muy crítica con los militares y por supuesto con la guerra. Es un equivalente a otras que he comentado en estas páginas como Apocalipse now de 1979; La patrulla de 1978; El cazador de 1978, etc. La obra se divide en dos partes, como ahora comentaré: la instrucción y la realización. La primera retrata el durísimo entrenamiento de los reclutas. La segunda parte, igualmente demoledora, se ocupa de la lucha en el campo de batalla.

Pero como Kubrick es genial, en esta obra hace un estudio de seguimiento (longitudinal) de la “cosa” desde sus inicios en la escuela militar para Marines de Parish Island (una escuela infernal donde se reduce la voluntad individual a su mínima expresión), centro de entrenamiento de la marina norteamericana, donde hace de “pater militari” el sargento Hartmann, hombre implacable, cuyo único objetivo existencial es endurecer el cuerpo y el espíritu de los reclutas; y todo para que puedan defenderse y matar al enemigo. O sea, todo un período este de la instrucción duro, cruel, dramático y de lavado de cerebro de estos pobres chicos antes de ser nombrados marines, hasta su destino en el campo de batalla indochino. Y como se verá, no todos los que llegan están preparados para soportar esos métodos Esta primera parte pone de manifiesto las peores cualidades y características de este tipo de formación que desatiende al ser humano como tal y lo aliena y enajena hasta los límites terribles que la película cuenta y que son de una dureza extrema. Jóvenes para ser sometidos: ¡Señor, sí señor!”, muchachos para el trato cruel incluso con sus propios compañeros, pobres jóvenes destinados a sobrevivir en esos cuarteles inhumanos, jóvenes para el trato machista y utilitarístico de las mujeres, a los que el sargento Hartman por cierto les de una nueva novia: su fusil; y a la postre y como se repite una y mil veces: gente para matar”: “Born to kill”, nacido para matar era el lema; en fin, una “perla”.

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Y luego está la segunda parte, la llegada a Vietnam y al frente. Allí les espera la disyuntiva fácil de dirimir de matar o morir, y con altas probabilidades de morir. A no ser que se tenga suerte y entonces sólo cabe dar gracias por estar vivo y no tener miedo” como dice el soldado apodado “bufón” al final de la cinta. Y todo ello en otra cultura, otra geografía y otra lengua: gentes y costumbres que esos mozos soldados no entienden y que viven de manera deshumanizada, aprovechando la prostitución barata, matando desde los helicópteros a mujeres y niños (todo es cuestión de afinar la puntería”). Y, dado que se está en un lugar desconocido, con “amarillos” –como llaman a los vietnamitas- desconocidos, entonces hay una fuerte componente paranoide, de recelo, de manera que cualquier cosa parece una grave amenaza. Además, Kubrick rueda la película, no en el clásico Vietnam de la jungla, siempre presente otras pelis de lo mismo, sino en una jungla urbana, con apenas unas cuantas palmeras; el resto son edificios de cemento destruidos por doquier. Quien ha visto la peli, sabe que la parte final es el combate de una patrulla contra un supuesto batallón enemigo que ha liquidado al compañero negro (a los negros siempre les toca la negra”, dice el marine de color cuando le ordenan inspeccionar el terreno antes de ser abatido). Pues bien, en esas escenas hay tiros a millón, medios de destrucción al máximo y un despliegue como para liquidar al más grande ejército. Sin embargo, el enemigo que ha abatido a tres compañeros es una pobre muchacha francotiradora a quien acaban matando con saña y de la peor manera: ¡toda una metáfora del poderío norteamericano versus los escasos medios del Viet Cong y del pueblo llano que defiende su país de la invasión extranjera!

Stanley Kubrick dirige con genial maestría esta película, elevando el grado de angustia al límite, tensionando las escenas al máximo y ofreciendo una visión con toda probabilidad veraz de la barbarie militar y de la guerra, y poniendo el énfasis de que la cuerda siempre se rompe por el lado más frágil: los pobres muchachos, limitados, negros, hispanos, etc., que son los que se alistan voluntarios a esos cuerpos de choque como los marines. La película cuenta con un enorme guión del propio Kubrick  junto a Michael Herr y Gustav Hasford basado en la novela de Gustav Hasford: The Short Timers. La banda sonora de Abigail Mead es excepcional, arrebatadora banda sonora llena de clásicos de los sesenta y setenta; y la fotografía de Douglas Milsome es genial.

El reparto es un elenco de actores sabiamente elegidos que conforman un equipo actoral de primer orden; actores como Matthew Mondine, Vincent D´Onofrío (que realiza un papel espeluznante para el que tuvo que engordar muchísimo), R. Lee Emmey (papel destacado como sargento Hartman) o Adam Baldwin entre otros. Su resultado es un elenco que hace creíble cada escena que interpretan.

Kubrick nos adentra con gran poderío en esta historia llena de tormento y arrebato. Y ofrece una visión descorazonadora e implacable en su reflexión sobre el ser humano, haciendo una feroz defensa contra la enajenación del hombre como soldado y la sinrazón de la guerra. Un film magistral que a poco que se tenga algo de sensibilidad, despierta la conciencia del espectador.

Esta película está considerada una de las cinco mejores películas bélicas (mejor antibélica) de todos los tiempos. Y eso es mucho decir para Kubick, pues su también obra Senderos de gloria está igualmente incluida entre esas cinco. La puedes ver una o diez veces, siempre te pone el corazón en vilo y te hace tener un pensamiento, una reflexión, e incluso una buena dosis de sana angustia: ¡a ver si al fin aprendemos algo!

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Comentarios

  1. Íñigo

    Muy buena crítica, Enrique. Próximamente haré la mía. ¿Cuándo? No lo sé, porque tengo otras prioridades para otros artículos.

    -Recluta Patoso: 7.62 milímetros… con… camisa metálica…

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Gracias por tus palabras. Yo también te sigo y me gustan mucho tus comentarios, artículos críticas; te escribí por la cosa del “compartir” los premios en el cine; y me gustó que recuerde ahora, especialmente, el que se refería a Bergman y sus actores/actrices, etc. En fin, seguiremos en esto, pues parece que nos gusta. Un saludo

  3. Miguel Ávalos

    Obra maestra del amigo Stanley Kubrick. La guerra solo sirve para convertir a jóvenes con la vida por delante, en lo más parecido a Terminators modelo 101, osease máquinas de matar implacables y sin sentimientos.
    Kubrick nos lo muestra con total crudeza en una película en la que el único superviviente de ese bando llamado “Sensatez” es el recluta bufón y ni siquiera él puede evitar cargarse a sangre fría a la vietnamita en la parte final, pues está tan atrapado como los demás reclutas en esa terrible norma de la guerra, o matas o mueres.

    El resto de muchachos que allí se congregan, si tuvieron sensatez hace mucho que la perdieron al ser adiestrados con el objetivo de transformarse en bloques de hielo.
    Adviértase los cambios de expresión en los reclutas patoso y rompetechos.

    La chaqueta metálica es fría, oscura, cruel e impactante. Amen de, como muy bien has apuntado Enrique, antibélica y antimilitar. Cualidades que la convierten en una película de 10 y que por cierto dicho sea de paso ¡He perdido la cuenta de las veces que la he visto!

    Concluyo mi comentario con tres apartados

    1. Frase del recluta pedazo de animal: “Aclárate las neuronas pardillo ¿Crees que luchamos por la libertad? Esto es una matanza y si me van a reventar las pelotas por una palabra, mi palabra es putada”

    2. Frase del recluta bufón que va a misa: “Este mundo es una puta mierda”

    3. ¡Mi enhorabuena de nuevo Enrique! Por otra crítica tan constructiva y muchas gracias por haberla hecho sobre este peliculón del cual se pueden aprender varias lecciones y al que yo también le debo una crítica. No se para cuando, pero si se que se la debo porque es de esas cintas que siempre te sobrecogen.

    Un abrazo para ti Enrique!!

    • Enrique Fernández Lópiz

      Vaya Miguel, me parece que ya no te hace falta hacer la crítica de esta peli, con lo que has dicho has redondeado faena al cien por cien. Y gracias por tus felicitaciones, las cuales hago extensivas a tus excelentes críticas. Un abrazo amigo!!

      Enrique

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