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Amor, culpa y reparación (redención)

Por Enrique Fernández Lópiz

La película narra una etapa en la vida de Joey Jones (Jason Statham), un ex combatiente de las Fuerzas Especiales en Afganistán. En la trama, una vez en el Reino Unido Joey se ha convertido en un alcohólico vagabundo, que vive con gran angustia su pasado de soldado que mató a gente sin razón alguna. Así, atormentado por una trágica historia personal y cansado de las graves injusticias que vive a su alrededor y en propia carne, decide cambiar y convertirse en una especie de “ángel vengador”. Y a la vez ayuda e incluso se enamora de una monja que dedica a ayudar a los pobres y menesterosos, con una vida, ella también, un tanto turbia. En su intento de rehacer su vida se encuentra con graves dificultades que hace que sus intentos de formar una nueva relación y una nueva vida, vayan poco a poco desmoronándose.

Es la película de un individuo oscuro, sin apenas humor ni sonrisa pues está pasando una mala racha (incluso para una vez que se ríe en una foto que le hacen, le sale fatídico). Steven Knight dirige con profesionalidad su ópera prima con un guión un tanto descuidado de él mismo (parece mentira, pues él era guionista antes que director) y que peca de demasiado oscurantismo en la historia y en los personajes. Guión con frases lapidarias que dan para pensar lo justito, como cuando dice le dice Joey a un contrincante: Tú tienes un cuchillo y yo tengo una cuchara”; o: “Yo vengo de ahí abajo y quiero que conozcas lo que hay abajo. Y digo esto porque la historia sin duda carece de la necesaria profundidad para tocar temas tan sórdidos como los que cuenta y donde hay de todo: soldado que perdió el control matando indiscriminadamente en un país árabe, monja que a los diez años asesinó a su violador y profesor de gimnasia, así como otras lindezas que salen en la peli y que tratan la prostitución, la trata de blancas, la mafia china, el gansterismo, etc. Es quizá un exceso de fondo para este film mitad thriller, cuarto mi mitad de mafias y polis, y el resto de romance.

No hay que olvidar la escogida visión del Londres contemporáneo del veterano director de fotografía Chris Menges. La música de Dario Marianelli que es bastante buena, y del reparto qué decir, veamos. El primero que obviamente sobresale y que lleva el peso de la película es Jason Statham quien con su hierático y duro rostro forma ya parte de ese tipo de actores limitados pero que sintonizan con la cámara y llenan pantalla. Y siempre digo que eso no le ocurre a cualquiera. Como apunta un colega de sobrenombre Fantomas: Statham ha hecho un género, el género Statham, como su nombre indica […] se puede averiguar porque aparece él en las películas. Es casi siempre lo mismo, y malo. También está más que correcta en su papel de monja la actriz polaca Agata Buzek, si bien siento y me parece que no tiene la suficiente química con Statham. Y en plan coro actoral efectivo tenemos entre otros a Benedict Wong, Siohan Hewlett, Jason Wong, Ian Pirie, Lee Nicholas Harris o Vicky McClure. Todo ello en una aceptable puesta en escena de un Londres cuasi dickensiano.

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La sustancia principal de la historia es el intento de “redención” (exoneración, libertad) que titula el film, el drama de un hombre de buen fondo con facciones, cuerpo y demasiadas manifestaciones de matón. Ahora bien, no sólo Joey sino también la monja parecen querer redimir sus culpas o lo que en términos más técnicos para la psicología y concretamente para el psicoanálisis se conoce como “reparación”. O sea, como sabemos, cuando se hace algo mal la tendencia humana es a “reparar” el daño causado. Y es que ambos protagonistas se han pasado de la raya cometiendo algún crimen o muchos crímenes. Entonces, y siguiendo yo con mi vena pedagógico-psicológica, querría decir algunas ideas sobre este curioso fenómeno de la culpa, la reparación o la redención.

Desde la perspectiva psicoanalítica en general, pero sobretodo atendiendo la obra de la muy reconocida Melanie Klein, mayormente en su obra Amor, culpa y reparación (de los años veinte al cuarenta y cinco del pasado siglo), el desarrollo humano se concibe como un enriquecimiento de la personalidad que alude a la superación de etapas tempranas de la niñez que pueden volver a surgir en la vida adulta. La superación de los conflictos que estas etapas conllevan, nos llevan a abordar la ansiedad, la culpa, la envidia, y lograr así la gratitud, cuando se alcanza el equilibrio entre el mundo psíquico interno y el mundo exterior. Este proceso es el que nos conduce a la capacidad de disfrutar de las cosas y llevar relaciones gratificantes de amor con los demás, o sea, entre otras, acciones “reparatorias”. Evolutivamente, en la vida de las personas este asunto es así: a partir de los seis meses el bebé comienza a integrar los impulsos agresivos y amorosos, incorpora a la madre como un objeto total, como una persona, avanzando de una etapa anterior en la que el bebé se relacionaba meramente con “objetos parciales”, sobre todo con “un pecho” (posición esquizoparanoide). A partir de este punto, emerge otra posición que Klein denomina “depresiva”, en la que, debido a esta integración del amor y el odio, el Yo experimenta culpa, pues el niño siente que el objeto amado (su madre) ha podido ser dañado por sus propios impulsos agresivos (como el morder el pecho, por ejemplo); y es por ello que tratará de reparar el objeto dañado: El sentimiento de que el daño hecho al objeto amado tiene por causa los impulsos agresivos del sujeto, es para mí la esencia de la culpa. El impulso a anular o reparar este daño proviene de sentir que el sujeto mismo lo ha causado, o sea, de la culpa. Por consiguiente, la tendencia reparatoria puede ser considerada como consecuencia del sentimiento de culpa, dice la conocida autora. Y efectivamente, se puede ver en la peli claramente el tormento de Joey por su anterior vida y la culpa de la monja por ídem. Y además, si pensamos en la película, y dada la relación sexual del personaje con la monja, cabe indicar aquí esa cita también kleiniana cuando la autora dice: Al individuo normal, el acto sexual además de su motivación libidinal lo ayuda a dominar su ansiedad. Sus actividades genitales tienen otro motivo impulsor, que es su deseo de reparar por la copulación el daño que ha hecho por medio de sus fantasías sádicas. Lo cual que en la historia encaja como anillo al dedo.

Pero el personaje no es fácil, ni es maduro, con lo cual se hacen buenas las palabras de otro gran psicoanalista, Michael Balin, cuando define a este tipo de individuos con lo que él denomina falta básica –que no han tenido un buen maternaje-, como alguien que tiene una forma primitiva de funcionamiento psíquico, que establece relaciones dudosas que no corresponden a la relación entre dos adultos. La falta básica alude a una falla en la etapa pre-verbal, en los primeros momentos de la vida, que se dinamiza en la psiquis como una deficiencia que necesita repararse, no asumiendo la forma de conflicto. De esta manera, al individuo, tal el protagonista de la película, se le hace difícil entender el lenguaje adulto, pues se encuentra en un funcionamiento primitivo, muy impulsivo e infantil: amar o matar. En Joey Jones sólo el alcohol paradójicamente, anula eso que él califica en sí mismo como máquina para matar.

Pues bien, desde estos breves apuntes evolutivos, hay en la mayoría de las personas –salvo que sean muy narcisistas y psicópatas- una tendencia a enmendar y reparar sus culpas. Y de eso va esta peli, si bien es cierto que le falta fuerza al guión para transmitir tan complejo asunto en la vida de los personajes. Pero que sí lo intenta, y es raro por no decir que yo no conozco historias filmadas equivalentes, donde un psicopatón tipo Joey compra pizzas para los mendigos, o le da dinero a una monja, o igualmente provee de recursos a su ex-mujer y a su hija, o defiende a los pobres del mundo plan Robin Hood. Y es que en cierto modo hay una falta de sintonía entre un Jason Statham que mata o distribuye estupefacientes, y su talante “bueno” y caritativo. Pero en fin, esto es una peli, no la vida real; una obra mediocre que no pasará a los anales de la cinematografía, pero para quienes se declaran admiradores de Statham (se denomina clínicamente stathamitis) lo tienen bien, pues es más de lo mismo, hasta la misma ropa, y es que Statham es un actor encasillado como lo fueron en su momento Charles Bronson, Jean Claude Van Damme, Dolph Lundgren, Jet Li, Bruce Willis, Chuck Norris, Steven Segal, Mickey Rourke, Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone. Y nada malo hay en ello. Mientras le dure y tenga su público, ¡chapeau! Conmigo creo tras Redención ya no puede contar para otra… pero tampoco hay que decir de esta agua no beberé: ¡qué sabe nadie! Amén.

Comentarios

  1. Cinepata

    Mis felicitaciones al autor, vaya manera de sacarle punta a una película de Jason Statham!!!!

    • Enrique Fdez. Lópiz

      Me alegra te haya gustado, según creo entender, mi crítica; para mí una crítica es también una oportunidad para reflexionar sobre el espíritu humano. Gracias por tu comentario. Enrique Fdez. Lópiz

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