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Amor como antídoto a la vida

Por Jorge Valle

La última película del aclamado Jacques Audiard no fue recibida en Cannes como debería: quizá las altas expectativas que su director había creado con su anterior film, la magistral Un profeta –ganadora del Gran Premio del Jurado en la edición del festival de 2009- auguraban otra obra maestra dispuesta a competir por la preciada Palma de Oro. De óxido y hueso, que toma el nombre de los relatos homónimos del escritor canadiense Craig Davidson, en los que se basaron Audiard y Bidegain para componer su propia historia, nos presenta a Alí (Matthias Schoenaerts) y a su hijo de cinco años Sam (Armand Verdure), que son acogidos por la hermana del primero en su casa. Después de conseguir trabajo como portero en una discoteca, Alí conoce a Stéphanie (Marion Cotillard), una domadora de orcas en el acuario Marineland.

Tras su fortuito encuentro, la vida les sorprende y sacude con dureza. La escena del accidente en Marineland está rodada con una genialidad enorme. Audiard consigue mantener en tensión al espectador justo en los instantes anteriores a la tragedia, pero al llegar al momento final, no muestra el accidente; tenemos que recomponer esa escena a partir de dos o tres imágenes que ofrece el director -el resto queda para nuestra imaginación-, y aquí cumple a la perfección una de las máximas del buen cine: no cuentes, sugiere. Para el autor de De latir mi corazón se ha parado lo importante no es el accidente en sí, sino las consecuencias, y los gritos y lágrimas de Stéphanie en el hospital, al darse cuenta de su nueva situación, componen una de las escenas más sobrecogedoras del cine de los últimos años.

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Necesitados el uno del otro, aunque no lo sepan ni lo quieran reconocer, Alí y Stéphanie comienzan una historia de amor que, como anuncia el tráiler, llega cuando dos mundos se fracturan. Los dos, encerrados en sí mismos, tienen que asumir sus faltas y defectos y abrir su corazón al otro. Él, una bestia solitaria y ruda -llega incluso a preguntarle que por qué va vestida como una puta-, parece impedido para el amor. Ella, hermosa incluso en la fealdad e inundada de tristeza, ha perdido todas sus ganas de vivir. Audiard relata de manera impecable el improbable encuentro de dos personas al borde del abismo y, a través de pequeños, sutiles y magistrales gestos, nos narra el desarrollo de su relación sin mostrar ni un ápice de romanticismo ni permitirse ninguna concesión sentimental. De óxido y hueso es una historia dura y seca que golpea nuestros corazones con fuerza y tambalea todas nuestras convicciones sobre el amor.

No obstante, Audiard se guarda lo mejor para la imagen, y es que Rust and Bone está repleta de escenas que se quedan grabadas en la memoria del espectador por la sutileza y belleza que desprenden -Stéphanie recordando y superando su accidente visitando a la orca o Alí llevándola a hombros al mar-, además de tórridas escenas de sexo y sangrientos combates. El director francés, apoyado en una fotografía de contrastes y una triste banda sonora de luces y sombras, demuestra que la tristeza y la desesperación a veces pueden convertirse en delicadeza y hermosura. Violencia y belleza caminan juntas de la mano en esta nueva y original versión de la bella y la bestia, aunque no tengamos del todo claro quién es quién.

La francesa Marion Cotillard, pidiendo a gritos su segundo Óscar, nos hechiza con su frágil mirada y su cuerpo tullido, mientras que el belga Matthias Schoenarts desprende una naturalidad pasmosa y sorprendente. Sus magistrales interpretaciones nos permiten amarles y odiarles, juzgar sus defectos y valorar sus virtudes, imaginar su pasado y prever su futuro. Y eso tiene un mérito innegable. La película muestra, en definitiva, la poderosa capacidad del amor para hacernos superar todos nuestros miedos y las difíciles situaciones que nos brinda la vida. Sin ser una obra maestra, De óxido y hueso logra emocionar enormemente y recoge toda nuestra atención, pues nunca sabemos lo que puede ocurrir en esta historia pesimista sobre la vida cuyo desenlace invita al optimismo sobre el amor.

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