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Alimentar el voyerismo del cinéfilo

Por Enrique Fernández Lópiz

Antes de esta película de Ozon, El amante doble, comenté en estas páginas, Frantz (2016), otro film del mismo director que aborda diversos y complejos aspectos humanos de una envergadura impresionante, plagado de reflexiones, muchas de ellas desasosegantes. Esta película que ahora comento, en clave muy diferente, produce igualmente desazón y resulta cruda por el fondo turbador y onírico en que se mueve.

La historia del film se inspira libremente en la novela Life of the Twins (”Vidas gemelas”) de la escritora estadounidense Joyce Carol Oates (bajo pseudónimo de Rosamond Smith). En la trama, una mujer joven y hermosa, inestable, depresiva y que se siente sola, Chloé (Marine Vacth), recurre a los servicios de un psicoanalista de nombre Paul (Jéremie Renier) para curar sus males. En el contexto del tratamiento ambos acaban enamorándose y con el tiempo se van a vivir juntos y por supuesto la terapia se clausura. Transcurridos unos meses, ella va a ir descubriendo que su amante le ha ocultado una parte de su identidad. Esto acabará obsesionando sobremanera a Chloé y la cinta discurrirá por vericuetos bizarros que mezclan ficción y realidad.

El director François Ozon construye un inquietante thriller erótico donde se entremezcla el psicoanálisis, la fantasía, el deseo y una historia de amor en la que se ve atrapada la joven Chloé, marcada por dobles identidades y un pasado perturbador. Técnicamente, Ozon elige el formato Scope digital para conseguir una imagen contemporánea a modo de cirujano meticuloso que ausculta, corta y sutura contornos recónditos del psiquismo humano. “Bajo la fría mirada de François Ozon ningún personaje está a salvo. Ni siquiera los espectadores, víctimas propicias de su retorcido gusto por el engaño y la mentira” (Marinero). El film está atravesado por una impecable estética geométrica en la cual Ozon juega con composiciones simétricas que a veces recuerdan el conocido test de Rorschach. La conclusión es una cruda, impactante y osada obra que deja un poso de intranquilidad en quien visiona la película.

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El guion lo escribe François Ozon junto a Philippe Piazzo, adaptación de la novela de Joyce Carol Oates, donde una vez más se revela su “debilidad ancestral por la esquizofrenia y las tinieblas que habitan en el cerebro de gente aparentemente estable, el desdoblamiento de personalidad, la perversión erótica, la certidumbre de que nada es lo que parece […] Los giros del guion y la sorpresa final pueden dejarte frío, pero observar a esta belleza sofisticada –refierido a la Vacth- te compensa” (Boyero). Como el mismo Ozon declara: “lo que me interesa explorar a través del cine son las zonas más incómodas o problemáticas, esas a las que normalmente no llegamos en nuestra vida cotidiana. Todos tenemos un lado oscuro”.

La música Philippe Rombi conduce de manera excelente la cinta y es acompañada de una gran fotografía Manuel de Dacosse, con una virtuosa puesta en escena.

El reparto está sostenido por una figura hermosa, la protagonista Marine Vacth, que hace un gran trabajo en su rol de enigmática belleza, imantada y atormentada, sobre todo cuando descubre que su amante tiene un hermano gemelo, también psicoanalista, dado al sexo, que la absorbe y con el cual acabará liándose; aunque tratándose de Ozon, lo que vemos tal vez solo exista en la cabeza psicótica de la protagonista. Jéremie Renier es un gran actor y lo demuestra interpretando con maestría dos espíritus gemelos pero radicalmente diferentes. En la brevedad de su rol, Jacqueline Bisset está gloriosa y es el único protagonista bueno y tranquilizador. Acompañando un elenco de grandes artistas como Myriam Boyer, Dominique Reymond, Fanny Sage, Jean-Édouard Bodziak, Antoine de La Morinerie, Jean-Paul Muel, Keisley Gauthier, Tchaz Gautier, Clemence Trocque, Guillaume Le Pape y Banît Giros. Conjunción y sintonía.

Me ha recordado esta película a otras como La dama de Shangai (1947), en la escena de Welles con espejos donde la realidad se confunde con la ficción; o, Ex_machina (2015), en la que aparece un lugar diáfano cuajado de cámaras y espejos en el que nada es lo que parece ser. En esta que comento, la idea es convertir la pantalla en esos laberintos a los que me refiero. La mente alucinada de la protagonista es una mente laberíntica y turbia que nos conduce por un relato transgresor y catártico que habla sobre nuestro ‘gemelo fantasmagórico’, “nuestro lado perverso, nuestra vil sombra que no puede dejar de ver el juego prestidigitador de una mujer fascinante” (Ocaña), figura ésta del gemelo fantasma, que a pesar de ser moda ahora, siempre ha estado presente en la Mitología y en la Literatura.

La cinta se inicia con una cámara que partiendo del el exterior de una vagina, llega a confundirse con el ojo lloroso de la protagonista (esta escena puede verse influenciada por Buñuel y su obra mítica El perro andaluz, pues además Ozon dice ser gran admirador del director aragonés); “Sexo y vista, deseo y percepción, pulsión y equívoco, goce y tristeza. Algunas imágenes pueden ser verdad y otras tan solo el producto de la imaginación de la joven escindida entre los dos gemelos” (Qim Casas). Ozon ha declarado ser un niño que juega con la cámara, y también, que es un gran neurótico que coloca en sus películas todas sus angustias y fobias; es más, ha dicho que el cine puede ser una forma de psicoanalizarse, pero esto me parece un exceso esnobista, por ser conocedor del tema psicoanalítico. Hacer una obra de arte nada tiene que ver con el proceso psicoanalítico que experimentan paciente y terapeuta: transferencia y contratransferencia.

Además de los directores y películas que he mencionado, nadie podrá discutir que Ozon tiene influencias obvias del heterodoxo Brian De Palma, el creador del thriller Alfred Hitchcock o el muy interesante Roman Polanski. El perfil de los tres maestros en filmes respectivamente como Vértigo (1958); Hermanas, 1973 o El quimérico inquilino, 1976, son reconocibles en esta historia.

En resumen, Ozon nunca es previsible y este film merece la pena, aunque algunos sientan cierto cosquilleo ansioso o les parezca no entender. A veces es interesante no entender. Ver sí es importante. Además, la obra satisface ese rasgo universal entre los amantes al cine: el voyerismo.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=4xLAGOJCCD0.

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