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Alexandra Daddario y unos terremotos

Por Javier Fernández López

Sí, perdonen mi humilde ignorancia, pero yo, un inocente espectador, fui al cine creyendo, al leer el título de la película, que era una adaptación del popular videojuego Grand Theft Auto: San Andreas. Bueno, seamos sinceros, sólo lo pensé antes de ver el trailer, al cine fui porque soy adicto a la magia de este mundo, y creía que al entrar a la sala de cine al menos iba a ver un gran entretenimiento de efectos especiales, sin más. El legado de películas como 2012 estaba ahí.

Hay dos formas de ver San Andrés:

  1. Si no te gustan las mujeres, te meterás de lleno en una película cuyo guión brilla por su ausencia, preguntándote por qué el reparto, con Dwayne Johnson a la cabeza, a aceptado meterse en este proyecto. Al ver la primera escena de rescate con el helicóptero haciendo Drift como si estuviésemos en una película de A todo gas, uno no puede evitar recordar aquella película infravalorada, Máximo Riesgo, la cual era un auténtico despliegue de tensión, un film de acción imponente. Pero al menos puedes llegar a disfrutar los efectos especiales de la cinta, que no tienen desperdicio, aunque tampoco sorprenden. Bien es cierto que la película, por momentos, logra meter al espectador algo de ansiedad, que es de lo que se trata, pero sólo son breves amagos.
  2. Si te gustan las mujeres, al llegar al momento en el que aparece Alexandra Daddario en bikini, lo único que podrás preguntarte durante el resto de metraje es de dónde ha salido esta mujer, que desde Megan Fox en Transformers no habías visto nada igual. Luego recuerdas que sale en la magnífica serie True Detective, ves que es la belleza personificada, que ni Afrodita en sus mejores días podría compararse a una Daddario que parece firmar esta película con el fin de presentarse al mundo como la mujer más deseada del mundo. Por lo tanto, te metes aún más de lleno en la película, porque lo único que quieres es que no le pasa nada, que salga sana y salva de cada situación. Lucharías por ella, por lo que se justifica el personaje masculino que la acompaña, porque es con el que te quieres sentir identificado.

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En resumen, San Andrés cumple su propósito, que es entretener. Tiene el pecado de parecer, por su fotografía y esquema, así como su puesta en escena, la típica película de tarde de domingo. En realidad agradeces una película como estas, no todo puede ser profundo, la película de Brad Peyton tampoco lo pretende. Lo que es irónico es que este tipo de cine siga teniendo vigencia hoy día, lo cual significa que aún no hemos visto lo mejor del género. El problema es crear algo verdaderamente bueno con un argumento del estilo “catástrofes en el mundo”. ¿Es San Andrés recomendable? Sí, pero siendo un producto exclusivo para cine, por lo menos si quieres disfrutarla de verdad.

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