Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Alegre comedia de postguerra

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos en una España devastada por la Guerra Civil, ruinosa, con muchas necesidades, hambruna incluso y tal vez por eso y no a pesar de eso, tuvo éxito el alegre género de la comedia en estos años de postguerra; incluso de la comedia con ambientes ampulosos, viajes en crucero y escenarios fastuosos, muy alejados de la realidad de penuria existente; había que divertir a un público que ya tenía bastantes dramas cuando salían del cine. Esta película Deliciosamente tontos fue sin duda una de las comedias más populares de postguerra. A la obra se le dio un aire claramente hollywoodiense, pero con un material netamente hispano. Y aunque este film quede lejos de las obras maestras del género, sobre todo las que venían de Hollywood, sin embargo sí posee su encanto y su donaire, aunque sin olvidar sus limitaciones técnicas, de presupuesto u otras. Pero estaba sin duda por encima de lo que acostumbraba el cine patrio de aquella época.

En la historia, un millonario cubano dejaría su fortuna al primer matrimonio entre los componentes de dos familias, los Acebedo y los Espinosa, antes que se cumpla el centenario de su muerte. Si no hubiere enlace en este tiempo, el dinero pasaría a manos del Estado. Este enlace que no había sido posible por falta de mujeres, pero que ahora se hace factible por pues la familia Espinosa cuenta con una linda chica, Mary (Amparo Rivelles), y los Acebedo quieren por todos los medios casar al tarambana de Ernesto (Alfredo Mayo). Lo que ocurre es que ella vive en Cuba y Ernesto en España. Ernesto, que es un poco “gracioso”, le manda a la joven una fotografía de su criado y no la suya. Así y todo se casan por poderes, pero él viaja a Cuba en avión y monta en el barco Reina del Atlántico que la trae a ella a España para consumar el matrimonio. Mas lo hace con un nombre falso. La idea es saber si puede enamorarse de ella o no. Esta es una idea clave del film: ¿qué es principal el amor o el dinero?

Juan de Orduña fue un director plan “hombre orquesta”, que se manejaba bien en todos los campos. Una de sus habilidades fue la comedia y este film fue una de las siete que el director filmó para Cifesa en los años cuarenta. Fue un rotundo éxito, no tanto de crítica cuanto de público. Y es que Orduña logró darle a su obra el punto de enredo propio de las comedias norteamericanas que se hacían en esa época, pero dentro de la cultura española.

deliciosamente-tontos-2

Además de una buena dirección, Orduña escribe igualmente un guión dinámico y gracioso, lleno de momentos divertidos, que hacían las delicias del público. A decir verdad, a día de hoy, a mí me siguen agradando este tipo de películas con un tono naif y cándido. De los cuatro que vimos este film no hace mucho, a todos nos agradó. La duración de 86 minutos ayudó a digerir óptimamente la función.

Buena y sugerente la música de Juan Quintero y meritoria la fotografía en blanco y negro de Alfredo Fraile. Bien a la puesta en escena y al montaje.

En el reparto se da un auténtico lucimiento de la pareja Alfredo Mayo y Amparo Rivelles, que sintonizan perfectamente: guapos, graciosos e inspirados. Paco Martínez Soria aprovecha los escasos minutos que le tocan para manifestar su genio. Muy bien Alberto Romea, Miguel Pozanco, Antonio Riquelme y Fernando Freyre de Andrade que le aportan un tinte humorístico muy acertado por la soltura y la genialidad en los diálogos jocosos y absurdos que se dan en esta comedia loca y romántica al mismo tiempo. De manera que nada tengo que objetar al cuadro de actores que están precisos y profesionales.

La película tiene una gran naturalidad, narra un relato de forma fluida y clara, a la vez que con buenas trazas y mucha ocurrencia. De esta guisa, Orduña dota a la película de los secretos de la comedia intemporal, de elegancia creativa y un punto de comicidad desenvuelta, espontánea y franca, lo cual no es fácil encontrar cuando no surge con frescura; la pluma de Orduña lo supo hacer.

No tenemos que olvidar que en el cine es más difícil hacer reír que hacer llorar, y que tiene más mérito un gag bien logrado que una escena sentimental. Creo que eso es lo que pretende el humor blanco de Juan de Orduña, que salgas del cine con la sonrisa en la boca.

En conclusión, estamos ante un film que tiene sus méritos innegables, poco valorado por la crítica –sobre todo-, muy olvidado y que tanto desde la óptica literaria como cinematográfica, entronca directamente con la mejor tradición de la narrativa española.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=l3QNooH_T8s.

Escribe un comentario