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Al final… tú eres el nazi

Por Javier Fernández López

Quentin Tarantino dirigió esta película en 2009 y desde entonces se convirtió en mi favorita de él, si bien es cierto que no soy fanático de su cine, aunque sí le tengo un profundo respeto. Malditos bastardos no es una película perfecta, pero sí que es muy divertida y sumamente entretenida. Quizá la magia de la película resida únicamente en su mayor estrella, que no es Brad Pitt, sino el genio austriaco Christoph Waltz, que desde que apareciese en esta película está siendo una de las figuras a tener en cuenta en Hollywood.

Malditos bastardos se divide en unos inteligentes cinco capítulos, bien construidos que hacen que la duración de la película sea muy amena y agradable. Realmente lo justo sería valorar cada capítulo por separado, pero al final con lo que el espectador siempre se queda es con la experiencia del conjunto, y el conjunto en sí mismo es muy bueno, pero podría haber sido mejor, porque el problema radica en que no se profundiza realmente en nada y todo queda demasiado superficial para una película que, por momentos, pretende muchísimo más. Los diálogos, no obstante, son lo mejor de la cinta de Tarantino, aunque mejor son aún las interpretaciones que hacen que esos mismos diálogos, que realmente y pese a ser buenos no son una maravilla, logren captar la atención del espectador de una forma absoluta.

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Gran parte del argumento gira en torno al estreno de la película ficticia El orgullo de la nación, protagonizada por Daniel Brühl, otro gran nombre en estos últimos años en Hollywood. Toda una oda a la sangrienta carrera nazi por el dominio de Europa y el exterminio del pueblo judío. Brühl, sin embargo, está por debajo del resto, puesto que su personaje llega a ser confuso por momentos. Otro es Mike Myers, conocido por su papel en la trilogía Austin Powers, que prácticamente no tiene minutos. Aunque en realidad son muchos los que aparecen en la película y apenas tienen minutos en pantalla. Lo realmente sorprendente es el reparto, ya mencionados Pitt, Myers, Waltz, Brühl, nos quedarían otros como Eli Roth, el director de Hostel, y Til Schweiger, actor de segunda fila que tiene la desgracia de haber colaborado con Uwe Boll protagonizando la adaptación del popular videojuego Far Cry. El cineasta Eli Roth ya ha trabajado con Tarantino en otras ocasiones, por lo que es de concluir que hay una amistad entre ellos, pero más se puede concluir de todo el reparto en general que aquí se dan cita muchos nombres conocidos y otros de menor calibre y que tienen sed de éxito.

Quizá el punto más flojo de la cinta sea la interpretación femenina, tanto de Diane Kruger (se ve que nadie le dijo que su papel en Troya fue también lo peor de esa película) y Mélanie Laurent, que se estrenaba en una producción americana con esta película. Su interpretación se mantiene en un nivel demasiado simple sin apenas matices.

¿Cuál es la mayor genialidad de la película? La cámara. Si por algo aprecio a Tarantino es porque es un hombre que sabe dirigir sus historias, y quizá no me gusten tanto sus historias, pero sí el modo de narrarlas y presentármelas. Ahí es donde se demuestra que es un auténtico genio. Me fascina algo tan simple como la discusión entre un soldado nazi y los bastardos, donde la cámara cambia de posición cada vez que habla alguien, encuadra el mapa cuando los actores señalan el mapa, nuevamente a los actores y todo muy rápido. Pero sobre todo es ese fantástico plano que nos regala en dos ocasiones, tanto en el capítulo 2 como al final de la película. Es ahí donde el espectador puede sacar sus conclusiones: puede haber visto un gran entretenimiento, una película mediocre con pretensiones muy altas o un chiste demasiado inteligente como para poder aceptarlo, porque de aceptarlo, prácticamente tendríamos que ponernos en la posición de un nazi. Juzguen ustedes.

Comentarios

  1. Lourdes

    Los diálogos de la película son excelente, se nota que Tarantino escoge a los actores a conciencia y que los tiene en cuenta incluso cuando escribe sus papeles. Según he oído incluso fuera de cámara los actores seguían manteniendo sus papeles dando situaciones bastante graciosas.

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