Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Al encuentro de Mr. Banks

Por Enrique Fernández Lópiz

Tom Hanks interpreta el papel del mítico Walt Disney, cuando éste intentó por todos los medios y sin descanso que la escritora de origen australiano P.L. Travers (Emma Thompson) le cediera los derechos de su conocida novela  Mary Poppins, a fin de llevarla al cine. Como es sabido, esta historia tuvo un buen final y Mary Poppins fue estrenada en 1964 en los cines de todo el mundo bajo la dirección de Robert Stevenson y la interpretación principal de parte de Julie Andrews acompañada por Dick van Dyke, y la evidente Walt Disney Productions sosteniendo el invento.

Empezaré por decir que recuerdo como si fuera ayer cuando mis padres nos llevaron al estreno de Mary Poppins cuando éramos muy niños en un cine de verano llamado Cine Florida. Y ya nunca se me olvidó, pues ¿quién no habría querido tener una niñera o institutriz así? Una Poppins que volaba sombrilla en mano, aquellas deliciosas canciones, aquel colorido, aquellos pingüinos bailando o el deshollinador van Dyke de enorme simpatía. Me pareció maravillosa, y Julie Andrews súper-encantadora. Pues bien, este film cuenta cómo se gestó este prodigio de las factorías Disney en un drama, cine dentro del cine, basado en hechos reales. Y a los que hemos vivido y crecido con Mary Poppins no se nos podía pasar por alto esta cinta cargada de nostalgia, pero también de alegría, escuchando fragmentos de aquellas deliciosas canciones y, ¡cómo no!, conociendo mejor a la autora de la novela.

Dicho lo cual diré cómo veo la cosa. Esta película es un tanto ambivalente en su intención. De una parte es deliciosamente exquisita en el reconocimiento de Hollywood como fábrica que fue en la puesta en marcha de auténticos sueños. Es también una historia amable y con buenas dosis de humor sobre lo que es la antesala del cine, sobre la “rebotica” del cine. Sin embargo, es socarrona y a veces mordaz en lo que toca al proceso de realización.

Pero no quiero obviar que Mary Poppins apareció por primera vez en un libro en 1934 y que su autora, Pamela Lyndon Travers, además de querer ser actriz, tuvo romances diferentes con hombres y mujeres, lo cual que era una hazaña para la época (1939). También, indagando, la Travers fue una madre adoptiva con un irregular desempeño como tal, y en definitiva era una mujer prisionera de su difícil infancia: padre alcohólico, madre suicidal, y una tía resolutiva y eficiente que llegó para cuidar de la familia y en la que parece que se inspiró para crear el personaje de Mary Poppins. Digo esto porque siempre las historias son más complejas de lo que aparecen en un film de 125 minutos.

Por su parte, Disney era un individuo también con una dura infancia, lo que se revela en la película, muy amante de sus hijas, a las que prometió llevar al cine la historia preferida de ellas, las protagonizadas por el personaje Mary Poppins. Por lo demás, sabemos que cada vez que se revisa la figura de Disney, afloran ángulos oscuros y dimensiones pasto de las especulaciones: que fue antisemita, racista, sexista, que fue informante anticomunista del FBI, etc., etc. Lo que sin duda fue es un hombre con ambiciones y con grandes capacidades: un magnate de la industria cinematográfica y de los primeros parques temáticos que se conocieron construidos a su imagen y semejanza.

alencuentrodemrbanks2

En este choque de trenes Travers-Disney ocurre que la puntillosa autora no da su brazo a torcer fácilmente. Disney ve impacientemente cómo Travers se vuelve cada vez más inflexible, alejándose de él los derechos de la novela. Pero en un momento dado, perspicazmente, Walt se adentra en la infancia de la novelista consiguiendo exorcizar los fantasmas que la acosan y así poder, juntos, liberar a Mary Poppins para acabar realizando una de las películas más entrañables de la historia del cine.

Algunos dirán que es meramente una peli comercial, un producto de consumo más de la industria americana, sin embargo, tiene elementos que hay que saber valorar positivamente. Por empezar, la dirección de John Lee Hancock no es nada despreciable, al contrario, sabe disponer  y desplegar sus recursos ya bien demostrados en obras como The Blind Side. Al encuentro de Mr. Banks es una película entrañable –bien es cierto que al gusto del público, pero hay que saber hacerlo-, basada en acontecimientos reales y que dibuja una versión sobre cómo funcionaba la maquinaria Disney. Tal vez un poco edulcorada o, más bien embellecida, pero con muchos visos de realidad. No es, entonces, un cuentecito de hadas o una invención en el aire.

De otro lado, el guión de Sue Smith y Kelly Marcel es consistente y ocurrente. Y son meritorias tanto la música de Thomas Newman como la excelente fotografía de John Schwartzman.

Y de ahí pasamos a los actores. Emma Thompson está sembrada en su interpretación de la indómita y valiente Travers, siendo que domina de una forma muy efectiva la cinta con su papel: hace un rol de excelencia que se adueña de la historia y la lleva en sus brazos. Por supuesto la acompaña un nuevamente magnífico Tom Hanks, quien sin duda es uno de los grandes actores de todos los tiempos del cine norteamericano, y que en este caso está de nuevo espléndido. Colin Farrell, Paul Glamatti, Jason Schwartzman o Bradley Whitford entre otros, conforman junto con los protagonistas un gran cuadro interpretativo de enorme mérito y calidad, un buen trabajo de reparto, pues.

De la película podríamos decir que son varias, o sea, que conjuga varias historias. Está la película de cómo se gesta el film Mary Poppins, la película del encuentro-enfrentamiento de dos personajes fuertes: Disney-Travers; la tensa relación que ambos mantuvieron durante casi veinte años cuando él quería los derechos de su libro y ella, que la factoría respetara la niñera inglesa que había imaginado (tal vez este film oculte episodios de la vida de la escritora, y otros los disfraza con ficción); o sea, la primera parte de la peli es un hábil escenario meta-cinematográfico donde se explota el gracioso arquetipo de la “extraña pareja” que forman Disney y P.L. Travers (aquí hay un duelo de interpretaciones Hanks-Thompson impresionante). Está también la peli de la infancia de la escritora Travers que sufre lo indecible con la muerte de su padre en su Australia natal y en dramáticas condiciones; es el drama que Thompson carga en sus espaldas, un trauma en su infancia que le impide desprenderse de su creación más preciada y, a la vez, más personal. Igualmente cuenta en tercer lugar el acopio de todo lo que nos lleva a fantasear, fabular y crear una obra de arte, tal la obra literaria de Mary Poppins. También es interesante el relato de cómo se escribe un guión de cine, la dificultad que supone encajar todas las piezas hasta que se encarna en la pantalla. Finalmente, yo digo que es también la película sobre esa película que nos hizo felices a muchos millones de niños y adultos allá en la medianía de los sesenta, cuando la vida, las cosas, las costumbres e incluso el cine eran otra cosa: una época ya pasada.

Me ha gustado el film, lo he encontrado cordial y aleccionador, con una trama bien resuelta, interpretaciones brillantes, un guión meritorio y una historia que muchos tendrían que conocer. A veces se critica la ambición de Walt Disney, pero el siglo XX no se entiende sin Disney, sin su filmografía, su iconografía, su obra en general: ¡obtuvo como productor cinematográfico más de 22 Oscar!

Al igual que recordamos la pérdida de figuras de la política como John F. Kennedy o Martin Luther King, yo recuerdo a la perfección, estando en colegio, el impacto que me produjo la noticia de la muerte de Disney poco antes de las vacaciones de Navidad, justo cuando solíamos ver sus películas.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario