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Al centro del corazón humano en un drama sutil y psicológico

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos ante un film denso, de pocas palabras y mucha gestualidad. Una obra dirigida de manera excelente por Andrew Haigh con la cámara al nivel de los ojos donde se va dilucidando una trama de suspense que atraviesa toda la historia. Es una película poco dada a los efectismos y tejida a base matices y sutilezas, al modo de la relación semicentenaria de la que habla. Ocurre que en la película, los indicios y la prueba desencadénate resultan anecdóticos; por ello, puede inicialmente parecer carente de sentido. Pero la película sí tiene sentido, cierto que hay que “comprender” la situación y analizarla a fondo, pero lo tiene. Se llama “construcción psicológica”: duda, celos desconfianza, desamor y más. Ahora diré mi parecer al respecto.

La historia se centra en una pareja que lleva casi medio siglo viviendo juntos en una aparente y modélica compenetración, en una casa de campo situada en una apacible localidad del condado de Norfolk. Ellos hacen sus rutinas, el paseo de ella por los campos con su perro, él fumándose cigarrillos a escondidas, sus canciones sesenteras y las escapadas semanales a la ciudad. La película se llama 45 años porque falta una semana para que este matrimonio, él octogenario y ella de setenta, vayan a celebrar el 45º aniversario de su boda. No lo habían celebrado antes, a los cuarenta, por problemas de salud de él, Geof (Tom Courtenay), por problemas por cierto de corazón.

Por este importante evento, Kate Mercer (Charlotte Rampling), la esposa, está entregada a preparar el festejo. Es entonces cuando llega una carta dirigida a su marido Geof. Esa carta será el precipitador de los acontecimientos, la bicha que emponzoñará su sosegada existencia. En la carta se le notifica que una mujer de la que estuvo enamorado en el pasado, su primer amor, ha sido hallada muerta y congelada en un glaciar de los Alpes suizos; la carta afecta a Geof. Esa carta lo pondrá todo patas arriba y va a cuartear lentamente pero sin pausa, de manera contenida y afilada, una relación aparentemente sólida hasta entonces para Kate. Pero ha aparecido inopinadamente un fantasma: en el corazón de su marido y compañero ha habitado otra persona.

Como digo, Andrew Haigh hace un trabajo excepcional edificando un drama filmado de forma muy sincera y plagado de detalles que permiten ir más allá de lo periférico, a lo más hondo del espíritu humano, todo ello realizado con gran sencillez. Como escribe Salvá: Lo que Haigh logra aquí es casi milagroso: la sutileza con la que deja que la mugre salga gradualmente de debajo de la alfombra, y la economía y la honestidad con la que trata las emociones de sus personajes y todo lo que pueden y lo que no pueden decirse”.

El guión del propio Haigh resulta de la adaptación del relato breve de David Constantine, In Another Country, donde se refleja la obsesión de Constantine por las relaciones de pareja y su mutación a través de los años. Como declaró el propio guionista y director Haigh: Lo que me interesaba sobre todo era explorar una relación de larga duración, con sus dificultades y con lo que pasa bajo la superficie. El deseo, sea sexual o romántico, se manifiesta en la manera en la que nos comunicamos con la otra persona, e influencia el conjunto de nuestras vidas de manera importante. Este deseo evoluciona y puede tomar varios significados en función del tiempo que pasa. Es una parte fascinante de nuestra naturaleza humana, y un tema apasionante. El guión está espléndidamente escrito, con un tempo lento y escasos diálogos; donde gestos y miradas mandan y la tensión dramática acecha a cada paso. Excelente la fotografía de Lol Crawley y música compuesta por diferentes temas de los años sesenta, donde es imprescindible al principio y al final el tema de The Platers, Smoke in your eyes.

El reparto son los ya míticos Charlotte Rampling y Tom Courtenay en los papeles principales. La Rampling está monumental en su rol de mujer que va comprobando el derrumbe de su equilibrio matrimonial, con sus rituales y su inmensa tristeza confinada en un silencio de años; Rampling está espectacular, pues en su trabajo elude lo sentimental, lo explícito, los subrayados; está contenida y muy expresiva. Tom Courtenay, otro grande de la pantalla, está sobrio como marido longevo y cascarrabias, y le da a su papel una convincente versión de fragilidad de marido que libra un pulso entre la pérdida de sus facultades y el recuerdo de un fulgor irrecuperable. Como escribe Casas: … es un filme tan amargo como contenido; admirablemente contenido. No hay ninguna salida de tono ni efecto dramático innecesario. Los rostros cansados de Rampling y Courtenay (rostros que incorporan a la ficción parte de la experiencia más allá de las pantallas de cine y escenarios teatrales que ambos han transitado) expresan el desasosiego y la inquietud con delicada fuerza: las expresiones siempre en el punto justo. Las sensacionales interpretaciones de la Rampling y Courtenay están acompañadas de otros artistas de indudable calidad como Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander, Richard Cunninghan, Rufus Wright, Hannah Chalmers y Camile Ucan.

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Premios y nominaciones en 2015: Premios Oscar: Nominada a mejor actriz (Charlotte Rampling). Festival de Berlín: Mejor actor (Courtenay) y actriz (Rampling). Premios del Cine Europeo: Mejor actriz (Charlotte Rampling). Premios BAFTA: Nominada a Mejor film británico. Festival Internacional de Valladolid – Seminci: Mejor actriz (Charlotte Rampling). National Board of Review (NBR): Mejores películas independientes del año. Críticos de Los Angeles: Mejor actriz (Charlotte Rampling). Satellite Awards: Nominada a Mejor actriz (Charlotte Rampling). Critics Choice Awards: Nominada a Mejor actriz (Charlotte Rampling). Festival de Edimburgo: Mejor film británico, mejor interpretación (Rampling). Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a Mejor actriz (Rampling). Extraordinario palmarés.

Esta película no es una historia de la Tercera Edad, o no sólo eso. Es un relato filmado sobre cómo un detalle, una incidencia sin aparente importancia es capaz de precipitar un río de desconfianza y rabia, en una mujer que en su interior elabora, deforma y precipita ideas, emociones y sentimientos que de pronto ya no acuerdan con lo que ha sido su vida conyugal de amor y compenetración. Ya sé que el hecho de que un matrimonio de personas mayores caiga en picado por una carta y un viejo amor de medio siglo atrás, parece difícil de entender. Incluso alguien puede verlo como un argumento traído de los pelos, o recurrir a datos elementales como que Geof fue a una Agencia de viajes a informarse sobre viajes a Suiza, o que ella parece observar que la mujer de antaño está en una foto aparentemente embarazada, o que ella, que no tuvo hijos, le pregunte a su esposo “si fue bastante buena para él”, etc. pero hay más.

Contar cómo muere de pronto un amor sostenido durante décadas en unos instantes, es algo extraño y difícil de explicar. Lo que pasa es que ese desencanto está en las mentes de los personajes protagonistas, no es fruto de una realidad incontestable. Si nos paramos a pensar en la pregunta: ¿Por qué se ha derrumbado en poco tiempo ese amor de décadas?, tenemos que ponernos analizar un poco a fondo el asunto, qué subyace a este inusitado desenlace.

La circunstancia de que el precipitador sea un viejo amor hallada muerta en Suiza, un amor de antes de que ellos se conocieran, resulta objetivamente poco creíble para justificar lo que ocurre en la película. Es como si la compleja, extraña y perversa mente de la Sra. Mercer se hubiera propuesto poner fin a su matrimonio en forma suicidal, acabando con su vida entera y arrastrando de paso la de su esposo.

Podemos pensar que al ser el plano pasional y erótico inexistente entre ellos por dificultades del esposo, el matrimonio ya estaba exánime antes de la llegada de la carta. Geof tiene problemas coronarios y su potencia sexual está disminuida. Ella, en cambio, es una mujer atractiva, ágil, y que tiene deseos sexuales; o sea, es una mujer insatisfecha. Ella pasea sola, él se cansa y parece faltarle el resuello para mantener a flote el amor, tanto el amor sensual, como el amor normal, para el cual se precisa igualmente energía. Ambos parecen resignados a una relación muy neutra y de acompañamiento. Y es en este punto cuando aterriza la carta.

Cabe imaginar que en este territorio de amor cuya defunción no está desvelada, la mujer inicia un proceso de elucubraciones peregrinas, autoengaños y otras formas autopunitivas, acompañadas de indagaciones y conclusiones irracionales, todo para convencerse a sí misma de que no es ella la que ha dejado de querer a su marido (que sería lo normal), sino que ha sido su marido el que la ha engañado durante 45 años a ella. De esta forma, ella pone fuera de sí, o sea en el esposo, la causa de su desamor que no es sino el grave pecado de haberle sido infiel emocionalmente, algo mantenido en el tiempo, supuestamente por el amor de antaño. De esta manera, me atrevo a interpretar el papel de la Sra. Mercer como fruto de que su cabeza no está en sus cabales. De esta forma, Mercer pone un punto y final a su amor. Claro que además del matrimonio, se derrumba igualmente el sentido de su vida entera en pareja. Él, viejo y abatido no puede hacer nada contra esta sinrazón. Creo que de esto va la película.

En palabras de Haigh, 45 años explora la lucha de estos dos personajes para comprender lo que significa su amor. Hay una sensación de pérdida existencial, de confusión respecto a lo que quieren, de inestabilidad de los sentimientos, de culpabilidad respecto a sus vidas, a medida que empezamos a analizar su existencia en profundidad. Es esto es lo que se acumula en el personaje de Kate. En cuanto al de Geoff, se acuerda de su pasado sin que podamos saber si es verdad o no lo que idealiza.

Lo razonable habría sido una historia de separación sin reproches ni construcciones delirantes. Sin culpables ni vejados. Eso sería lo más lógico, pero en los temas de pareja, de amor y desamor (también en otros), lo adecuado no suele ocurrir, ni en la vida, ni en el cine. Las personas encerramos mucha complejidad en ese “aparato psíquico” del que hablaba Freud, pues nuestro Yo rector está sometido a demandas muy potentes y antagónicas, y contaminado por múltiples fantasmas; entonces, no es raro que el equilibrio de nuestro ser psíquico se tambalee en muchas ocasiones.

Lo que se tambalea y desmorona en esta historia es nada menos que una inversión afectiva de cuatro décadas y media. Esto es lo que demuestra genialmente esta película que yo recomiendo sin dudar.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Tg5cpiX18TA.

Comentarios

  1. Toni Ruiz

    Un placer leer tu crítica de este peliculón. La secuencia final a mí me rompió e corazón. De Andrew Haigh había visto ‘Weekend’ y la serie ‘Looking’, ambas muy aprovechables, pero nada me había preparado para el despliegue de talento que es ’45 años’.
    Saludos y enhorabuena de nuevo.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Amigo Toni, realmente es una película para mover sentimientos. Me alegro que te gustara como a mí y agradezco tus palabras hacia mi crítica. Un abrazo. Enrique

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