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Ahora sé por qué lloráis…

Por Javier Fernández López

…pero es algo que yo nunca podré hacer.

¿Cuándo dejamos de ser niños? ¿Cuándo podemos decir verdaderamente que somos adultos? Pocas veces dejamos de ser un niño, y cuando dejamos de serlo, por desgracia, nos convertimos en algo muy triste, una persona sin inocencia. A veces nunca dejamos de ser niños, y esa inocencia que guardamos dentro de nosotros, una magia poderosa, al final puede simbolizar nuestra propia autodestrucción.

La tecnología, ese cambio que mueve al hombre a transcender más allá de sí mismo, nos lleva a seguir evolucionando, a lograr cosas que antes eran inimaginables. Pero como decimos, nunca dejamos de ser niños, e inocentes, quizá demasiado curiosos, a veces pulsamos el botón equivocado creyendo estar acertados en nuestras decisiones.

Terminator: Está en vuestra naturaleza destruiros mutuamente.

El cineasta canadiense James Cameron creó una historia maravillosa, un cuento de terror como pocos, el hombre siendo testigo de su propia destrucción a manos de una ambición que lo llevó a querer ser más que un dios. Así no lo cuenta el director con esas dos introducciones impecables. La primera, con una imagen futurista, distópica, oscura y apocalíptica de un mundo asolado por la guerra, la lucha contra las máquinas, un enemigo creado por nosotros mismos. La voz de Sarah Connor, la heroína que fue salvada por Kyle Reese, el soldado que viajó en el tiempo para protegerla de una amenaza imparable, nos cuenta cómo en el futuro su hijo será el líder de la resistencia, la última alianza de humanos que lucha a la desesperada con la única esperanza de derrotar por fin al enemigo. Luego, la segunda introducción con los créditos de inicio nos muestra la peor de nuestras pesadillas: el fuego. Y no es un fuego cualquiera, lo hemos provocado nosotros, inconscientes, dejando nuestras decisiones en manos de una fuerza, de una inteligencia, que escapaba a nuestra inocente comprensión. Vemos un parque quemarse, el lugar donde los niños muestran alegría y felicidad, pero ya no hay niños, sólo fuego que quema nuestros sueños.

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Así se presenta Terminator 2: El juicio final. ¿Quién es el juez de nuestro destino? Es más, ¿existe propiamente un destino escrito? ¿O podemos crear nuestro camino independientemente de si conocemos los sucesos que pasarán en el futuro? Nuestros héroes luchan no sólo contra un inmortal enemigo casi sacado del género slasher, luchan contra su propia historia ya escrita. Ellos intentarán cambiarla, luchar por salvar el mundo, escribiendo los nuevos pasos que los guían por la carretera hacia su objetivo.

John Connor, el héroe que liderará a los humanos en el futuro, está solo. Su madre está encerrada, y él es un rebelde que ha creído toda su vida que su madre está loca. Kyle Reese, su padre, quien fue enviado por su propio hijo para proteger a su madre, está muerto. Ahora, años después, Skynet, la mayor Inteligencia Artificial jamás creada, vuelve a enviar al pasado a un nuevo enemigo, esta vez más preparado, más poderoso y avanzado. Su misión es acabar con John Connor y así evitar que la última resistencia de la humanidad tenga a su líder, y así lograr una rápida victoria cuando comienza la rebelión de las máquinas.

Sarah Connor: [voz en off] Tres mil millones de vidas humanas se apagaron el 29 de Agosto de 1997. Los supervivientes del fuego nuclear llamaron a aquella guerra el día del juicio final. Sólo vivieron para hacer frente a otra pesadilla: la guerra contra las máquinas. La computadora que controlaba las máquinas, Skynet, envió a dos Terminators a través del tiempo. Su misión, destruir al líder de la resistencia humana, John Connor, mi hijo. El primer Terminator fue programado para destruirme en el año 1984, antes de que naciera John… fracasó. El segundo fue enviado para destruir al propio John cuando aún era un niño. Igual que antes, la resistencia pudo enviar a un sólo guerrero, un protector para John, la única incógnita era cuál de ellos llegaría antes a él.

La puesta en escena de la película presente un nivel magnífico, desde las escenas de acción hasta las presentaciones de los personajes. Arnold Schwarzenegger (Mentiras arriesgadas), cuyas virtudes actorales nunca han sido muy grandes, se come el papel haciendo de héroe protector, un guardián del tiempo. Linda Hamilton (Punto de partida) cambia totalmente de registro con respecto a su papel en la primera entrega. Ahora es madre, y está dispuesta a todo para conseguir que su hijo viva. Teme lo que va a pasar y, consciente de ello, se convierte en lo más parecido a un soldado, alguien fuerte. Está alejada de cualquier sensiblería, hay mucha sangre fría en sus venas. Edward Furlong (American History X) hace el rol de John Connor, el futuro líder de la resistencia que luchará contra Skynet y las máquinas, papel que borda de principio a fin y que será el que ponga las frases más eternas del film. Robert Patrick (Gangster Squad), por su parte, es el T-1000, un organismo de metal líquido de una complejidad tecnológica difícil de imaginar, capaz de imitar el aspecto de cualquier persona, simular su voz y utilizar su mismo cuerpo para crear armas cortantes como cuchillos o espadas, el perfecto enemigo para infiltrarse y dar caza a su objetivo.

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Sarah Connor: Observando a John con la máquina, de repente, lo vi claro. El Terminator jamás se detendría, jamás le abandonaría, y jamás le haría daño ni le gritaría o se emborracharía y le pegaría. Ni diría que estaba demasiado ocupado para pasar un rato con él. Siempre estaría allí y moriría para protegerle. De todos los posibles padres que vinieron y se fueron año tras año, aquella cosa, aquella máquina era el único que daba la talla. En un mundo enloquecido, era la opción más sensata.

Sobre los efectos especiales, aún hoy la película se mantiene en pie. En su época, fueron los mayores efectos especiales conseguidos. Ver al T-1000 atravesar las rejas del psiquiátrico es un gustazo, más aún es recordar tu cara de pequeño cuando veías esa escena, cómo avanzaba ese villano fríamente para asesinar a John Connor. Hoy día es normal encontrar alguna escena a la que el tiempo le ha pasado factura, como es el caso del tiroteo al T-101 por parte de los SWAT. Aún así, pasa desapercibido cualquier detalle de ese tipo gracias al montaje final, el buen diseño y, como decimos, la magnífica puesta en escena.

Sólo le diría a James Cameron que eso de borrar de una película escenas fundamentales para luego ponerlas en futuras ediciones me parece algo ruin, pues la escena en la que aparece Michael Biehn (La Roca), quien encarna a Kyle Reese, es una escena de una importancia absoluta que le da a Sarah Connor aún más profundidad. Por lo demás, el resultado es espectacular. La música de Brad Fiedel puso la guinda a una cinta que ya de por sí era perfecta, reciclando el tema central de la primera película modificando el tono del mismo, ofreciendo una genialidad de banda sonora.

Sarah Connor: El futuro desconocido rueda hacia nosotros. Por primera vez lo afronto con un sentimiento de esperanza porque si una máquina, un Terminator, puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos.

Escrita, producida y dirigida por James Cameron, se ha convertido en todo un clásico del cine de acción y ciencia-ficción. Los viajes en el tiempo jamás supieron mejor, mientras se nos da una pequeña clase de filosofía sobre la naturaleza humana, el destino, la evolución,… Terminator 2: El juicio final es una auténtica joya del cine que merece todo el reconocimiento posible. Dicen que “segundas partes jamás fueron buenas”, pero Cameron llegó para enseñar cuáles debían ser las bases, los pilares, para que una segunda entrega no sólo fuese buena, sino que además fuese muchísimo mejor que la primera. Ya hizo un trabajo magnífico en Aliens: El regreso, y con T2 confirmó su estatus como uno de los directores de cien más destacables de todos los tiempos. Comercial, pero no por ello dejó de crear películas que pasarían a considerarse películas de culto. Se puede ver esta cinta como un sencillo producto destinado al mero entretenimiento, pero su destino no sería marcado por los prejuicios de algunos académicos que sólo valoraron el film por sus hitos técnicos, sino por toda una oleada de seguidores que vieron en ella algo más. Sencillamente sublime.

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