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Agosto

Por Enrique Fernández Lópiz

La familia Weston vive a las afueras de Pawhuska, en Oklahoma, en una gran casa de campo en una zona casi desértica que ya augura lo que será la trama de páramo familiar. Y resulta ser que el padre desaparece en circunstancias poco claras. Este suceso hace que la familia se reúna, aflorando en dicha reunión todas las miserias familiares. Se trata de una adaptación al cine de la obra dramática homónima y ganadora del Premio Pulitzer en 2008, de Tracy Letts. En August, se narra la descomposición de una familia que se encuentra bajo el yugo de una matriarca enferma de cáncer (una Meryl Streep demoledora) que ha hecho del ataque a sus seres queridos, su única forma de vida. Su esposo es el gran ausente a la cena que ocupará la parte central del film, pero su persona permanece indeleble en la mente de todos los asistentes. Un festín de sentimientos y emociones que nunca llegan a zanjarse.

Esta traslación de la obra teatral al cine está sobradamente salvada en esta película con gran sutileza. Prácticamente nada de la obra teatral queda fuera del film, lo que incluye la intensidad de drama y la energía enferma que emana hasta de los muebles.

John Wells, en la realización del guión de la autora de la obra, Tracy Letts, ha generado una cinta con importantes cargas de profundidad, donde las frustraciones de una vida larga en general (como dice el poeta Elliott), con relación a una existencia de frustraciones, alcohol, píldoras y otras experiencias poco gratificantes, generan una sensación desasosegante. Empero, su riqueza artística hace que salgamos del cine con cierta sensación de gratitud por no estar en esos desiertos de Oklahoma ni ligados como familia  a los interfectos.

Algunos las llaman familias disfuncionales, y en realidad la obra de Wells-Letts trata, efectivamente, de las controversias, disputas, intercambios y desventuras de una familia disfuncional donde los cuadros de patología fluyen sin cesar, incluyendo la presencia-ausente del pater familia, el alcohólico que sale de escena en circunstancias que ustedes verán en pantalla si deciden visionar este metraje y que precipita la trama.

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Para mí ha sido una experiencia estimulante, con muy grandes interpretaciones, con una muy digna dirección, con un excelente guión como no podía ser de otra forma de parte de la autora de la obra teatral homónima y una sensación de que lo visto es, aunque exagerado en el film, común en muchas familias, pues según grados de conflicto, se puede reconocer en el entorno, familiar propio o más o menos inmediato.

Y hablando de interpretaciones, la presencia en el reparto de Meryl Streep y Julia Roberts, he podido observar que ha llenado la sala. De hecho, ambas actrices cumplen sobradamente con sus roles. Si la Streep hace un enorme papel dramático mostrando todo su poderío, Julia Roberts está fantástica y hace uno de los mejores trabajos de su carrera. Por supuesto, la interpretación coral de Ewan Mc Gregor, Chris Cooper o Margo Martindale, acompañados de todos sus colegas de reparto en la película, conforman una obra de enorme calidad y calado actoral.

Quiero decir que hace años leí un interesante artículo donde un reconocido psicoanalista llamado Ronald Fairbairn, hace una exposición sobre la resistencia de la estructura familiar a desaparecer, incluso en situaciones adversas (tal en los intentos iniciales del comunismo soviético); o sea, la institución familiar se defiende panza arriba pase lo que pase, lo cual se refleja en la película. De hecho, en esta obra, se observa que cuanto más se habla en la postmodernidad de que la familia está al borde del colapso, más se fortalecen sus lazos y se agrupan sus miembros. Hoy, la familia aguanta embates atómicos que aparentemente la tendrían que haber destruido. Pero no, hay más cercanía e intensidad entre los hombres y mujeres de hoy y sus padres, que la que había entre ellos y nuestros abuelos. Así, en el film, a pesar de las durísimas críticas de todos contra todos con relación al trato dispensado por madre (sobre todo) o padre, se aguanta, se resiste con unidad el duro y continuo bombardeo.

Agosto recoge la tradición de los melodramas familiares y lo lleva por un camino muy rico cinematográficamente hablando, con fotografía magnífica de Adriano Goldman, excelente música de Gustavo Santaolalla y la genialidad de un elenco de director, guionista, actores y actrices, y cuadro técnico que la convierten en una de la que será probablemente una de las películas principales de este año.

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Comentarios

  1. En mi opinión el mejor reparto del año junto a “12 Años de Esclavitud”. Meryl Streep esta genial, un poco histérica pero notable. Y Chris Cooper está enorme. Me moría de risa en la escena del “miedo de la carne”. Y sí, en ciertas cosas el entorno familiar se hace paplable al espectador. El final merece capítulo a parte…

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