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Adopciones e interculturalidad

Por Enrique Fernández Lópiz

Al comienzo de la película Rastros de sándalo se ve la escena de un parto en una zona de la India. En él, la madre muere al dar a luz. La criatura es una niña y su hermana allí presente, de diez o doce años, se hace cargo de ella, evitando que la maten, pues en esa cultura a las niñas de madre sin padre, se les prevé mal futuro. Esa niña de nombre Sita, tras distintos avatares, es separada de su hermana-madre y adoptada por una familia occidental. Con los años, su hermana mayor Mina, tras una historia rocambolesca y llena de avatares, se ha convertido en una afamada actriz de Bolywood, nombre que se usa popularmente para denominar la importante la industria de cine en la India, en lengua hindi (la palabra proviene de la condensación de Bombay y Hollywood). Pero Mina nunca olvidó a su hermana pequeña. Treinta años más tarde, tras múltiples indagaciones, Mina se entera que su hermana se llama en la actualidad Paula y que vive en Barcelona. Con las mismas, junto a su esposo, un importante productor de cine, se marchan a la Ciudad Condal para reencontrarse con su hermana. Cuando lo hacen, Paula se muestra hosca y esquiva, y dice no tener recuerdos de su pasado. Por supuesto la noticia supone para ella un shock y el enfrentamiento con sus padres, cuando les pregunta y ellos le confiesan la veracidad de su adopción. Paula comenzará entonces todo un viaje interior y exterior también, en busca de su verdad identitaria, con la ayuda Prakash (Naby Dakhli), un inmigrante indio serio y atractivo, que vende películas de Bollywood en el barrio barcelonés del Raval. Con él iniciará una aventura a la par que una historia de amor, que la llevará a sus orígenes.

Me ha parecido una película de todo punto bien realizada por su directora María Ripoll, que logra crear un clima emotivo y sentiente, o sea, un clima envolvente de emociones compartidas con el espectador. También les doy la enhorabuena a un excelente guión escrito por Anna Soler-Pont, coautora con Asha Miró, quien escribió un libro de título Las dos caras de la luna, donde Asha cuenta la experiencia de reencuentro con su hermana biológica. Escritora, conferenciante y profesora, Asha Miró nació en la India y cuando tenía apenas siete años fue entregada en adopción a una pareja catalana, pasando a residir en Barcelona. En su novela, Asha hace una crónica de su viaje a la India, en el que conoció a su familia biológica; descubrió que su madre no era la que ella pensaba, que su padre no se desentendió de ella ni la abandonó y que, en realidad, su nombre era Usha Ghoderao. Su padre se lo cambió por Asha (Esperanza) al entregarla a las religiosas que se hicieron cargo de ella. Éste era también el nombre de su hermana mayor. O sea, ya vemos que esta cinta no es una ficción o un cuento de hadas, sino que está basada en personajes y situaciones reales.

 Entonces, nada de invenciones, la historia es fruto de la experiencia vivida por una de las coguionistas. Y es meritoria también la labor de Anna Soler-Pont, por haber sabido trabar tan bien el guión, un guión cohesivo a la hora de contar una historia con tantos matices, como ahora diré.

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Tiene el film una música cautivadora con algunos temas magníficos de Zeltia Montes, y una gran fotografía de Raquel Fernández que sabe encuadrar, seguir a los personajes y volar inquieta por entre la trama.

En cuanto al reparto yo querría subrayar que siendo actores y actrices poco conocidos/as en España, tienen ya una importante trayectoria y su trabajo es de excelencia en las figuras principales. Nandita Das es una importante actriz y directora de cine en India, estrella en películas como Fuego y Tierra, una bella mujer que hace un conmovedor papel, creíble y hermoso como hermana mayor. Aina Clotet, actriz y guionista experimentada también, se luce en su papel de hermana pequeña adoptada. Naby Dakhly, actor francés de origen argelino interpreta con altura el rol del amoroso joven indio Prakash, que acompañará en su periplo de búsqueda personal a Paula. Éstos y el resto de actores y actrices (Rosa Novell, Godeliv Van den Brandt o Subodh Maskara) hacen que no haya que poner mayores reparos a la interpretación, al contrario. Clotet y Das transmiten a sus personajes una credibilidad y una sintonía muy grande para quienes ven el film. Ellas resultan ser el símbolo de unión entre culturas, en una película que no cae en el error de subrayar los contrastes sino más bien predicar la universalidad de las cualidades humanas, sobre todo de la bondad y el amor. También es bueno dejar claro que la actriz y directora hindú viaja a Barcelona con su marido, Subodh Maskara, que también lo es en la vida real, al igual que el viaje en sí. La película, pues, se rueda entre Bombay y Barcelona de manera real, y como todo lo que es real, resulta creíble.

Yo sé que tal vez esta película le gusta más al aficionado que al crítico, por eso a mí me ha gustado bastante, porque más que crítico, mis comentarios derivan de mi afición y gusto por el cine, como mero público, y como dice Marín Bellón: “Los públicos predispuestos, ya se sabe, conducen mejor las emociones”.

Puede que alguien diga que resulta un tanto lacrimógena, pero ¿qué queréis que os diga?, es pura realidad y verismo tocando el tema de las adopciones, algo muy común en nuestros día. Y además ¿qué hay de malo en llorar en el cine? Cuando se ríe nadie dice nada.

Claro, si a una joven se le aparece su supuesta hermana india, tal el caso de Paula, una mujer catalana, bióloga investigadora, con sus padres que nunca le dijeron nada, etc., pues su mundo se desmorona: ¡normal! Y en la película, creo que este espinoso tema se lleva de manera muy inteligente, sin excesos ni triquiñuelas, sino tal como puede ocurrir en la genuina vida de quien atraviesa una experiencia así. Como la escritora de la historia, Asha Miró.

Está también tratado de forma excelente, el asunto intercultural. Pues Paula tiene sus raíces en India, pero es más bien seca, un poco catalana, y de pronto, acompañada por su novio indio, resulta que empieza a descubrir un nuevo mundo de músicas distintas, comidas diferentes, el manejo del tacto a la hora de amasar; muchos aspectos en los que podemos ver que la interculturalidad se rueda en clave sensitiva, de amores, de “olores, colores, sabores, contactos, sonidos”, como escribió nuestro poeta José Hierro; las comidas que comparten, la música de las películas de Bollywood donde trabaja su famosa hermana y que ella ve una tras otra. Entonces, no es meramente una temática social o similar, sino un aspecto con el cual el espectador puede identificarse, siguiendo los pasos de la joven que tras conocer su origen, busca desesperadamente sus raíces en muchas nuevas situaciones y estímulos que se le presentan.

Creo que cualquiera de los que estábamos en la sala pensábamos que la historia era algo muy probable, creíble, que ocurre. Entonces yo imaginaba qué habría ocurrido si a mis treinta años, hubiera llegado a mi ciudad, a mi trabajo, a mi familia, de pronto, un hermano que me dice que mi origen es siberiano, o noruego, o indio: ¡esto habría significado para mí un cimbronazo interno de gran voltaje! De modo que ya veis cómo uno de identifica con los personajes.

Entiendo que esta película quiere ser un Puente de entendimiento entre dos culturas muy distintas, un viaje espiritual entre las ciudades de Bombay en la India, y la mediterrànea Barcelona.

La situación compleja que trata este está plenamente resuelto en la cinta, que deja a las claras el nudo de impresiones fuertes, diversas y contradictorias que asoman en la protagonista. Y mi impresión es que la directora María Ripoll logra su objetivo de emocionar, sin cuentos ni engañifas, sino mostrando las realidades complejas pero evidentes que laten bajo la historia y vinculadas a las adopciones.

Me ha gustado igualmente que la película retrate una Barcelona real, sin los artilugios a los que estamos acostumbrados. Desde Woody Allen hasta tantos directores, cuando toman Barcelona como ciudad escenario, suelen buscar localizaciones y planos que ofrecen una visión bucólica o imaginaria. Pero en este film, ya el mismo protagonista se rebela a sentarse en una terraza de la Ramblas, e invita a Paula a acercarse al mar, a visitar el barrio del Raval, y otras callejuelas que resultan expresar el conocimiento de quienes ruedan en una Barcelona para ellas conocida y que va más allá de los tópicos.

En fin, una película que hace que las piezas encajen, y que consigue total naturalidad, de forma que uno puede creer que cualquiera habríamos podido pasar por una situación parecida. Y más allá de la tentación de creer que se trata de una especie de culebrón Bollywoodiense con toques de comercialidad, lejos de esto, digo, este film yo lo entiendo como una invitación a abrirnos a la realidad, al intercambio con otras gentes sin temor ni prejuicios. Con todo ello, la Ripoll hace gala de oficio, de destreza y de pericia en su hacer cinematográfico.

La recomiendo, lo hago por ser una película humana, emotiva, la historia de posiblemente tantos hombres y mujeres que hoy son españoles, que fueron adoptados en su momento en el oriente o en Europa o en África, y que hoy viven tal vez ajenos a lo que pudieron dejar atrás. Asha Miró imagina cómo hubiera sido su vida en la India tomando como referente a su hermana biológica, y cuenta su experiencia así: “Ha sido el reencuentro de las dos Ashas, la de Oriente y la de Occidente. He conocido a una mujer valiente, lanzada y feliz. Ambas tenemos una vida rica, aunque el destino nos dio un papel distinto a cada una”. Dos Ashas, “las dos caras de la luna”, hermoso film, si puedes, velo.

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