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Adicciones, negación y mentiras

Por Enrique Fernández Lópiz

Whip Whitaker (Denzel Washington), comandante de un avión de pasajeros, en un alarde de pilotaje logra aterrizar su avión inexplicablemente averiado en medio del campo, al poco de despegar, logrando salvar la vida de la mayoría del pasaje y de la tripulación. A partir de aquí será considerado como un héroe a escala nacional. Pero cuando se empieza a investigar el suceso para determinar las causas de la avería, sale a la luz en el examen toxicológico, en el cual el Whitaker arrojaba una alta tasa de alcohol en sangre. A partir de ahí, la trama se desliza por derroteros atrayentes e inquietantes.

Gran película del director Robert Zemeckis, gran constructor de atmósferas, autor de películas importantes como Forrest Gump, 1994 o Náufrago, 2000, que vuelve con este film a los personajes de carne y hueso, tras años por un cine «menor» de películas con la técnica del motion capture (captura de movimiento) con computadora, como Polar Express, 2004, Beowulf, 2007 y Cuento de Navidad, 2009.

Con esta obra: El vuelo, Zemeckis muestra su enorme musculatura como director de primer orden, con sabiduría para dotar a esta película de originalidad, un tempo adecuado y mucha emoción. De hecho, la primera media hora de la película es impresionante, admirable, y en ella se nos muestra al personaje, su pecado, pero también sus incuestionables virtudes; o sea, está cargada de una acción y tensión en grado superlativo, como el momento del accidente aéreo. En el guión, John Gatins nos relata la historia de un héroe caído con gran verismo, y la complejidad que acompaña a un relato denso, como ahora diré. Tiene la obra una excelente música de Alan Silvestri repleta de míticos temas, resaltando de forma brillante los diversos estados de ánimo, como cuando suena el “Feelin’ Alright“ en las subidas anímicas provocadas por sustancias como la cocaína; y gran fotografía Don Burgess con llamativos los travelling para seguir los pasos de Washinghton y John Goodman, la planificación del juicio o la panorámica del siniestro.

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El reparto es ante todo una exhibición de Denzel Washington quien, acompañado de Zemeckis y el estilo de su equipo, propicia que Washington pueda ir a la par con resultados perturbadoramente buenos, gran vis dramática y capacidad empática. Denzel está inspirado al máximo y Zemeckis nos sirve un plato muy picante y una historia dramática, incómoda y plagada de aristas. Acompañan un elenco de actores y actrices de reparto de primer orden como Kelly Reilly, Don Cheadle, Bruce Greenwood, John Goodman, James Badge Dale, Melissa Leo, Nadine Velázquez, Brian Geraghty, Tamara Tunie, Dane Davenport, Garcelle Beauvais, Alez Frost, Kwesi Boakye, E. Roger Mitchell. Excelentes todos.

Premios y nominaciones en 2012: Oscar: 2 nominaciones: mejor actor (Denzel Washington) y guión original. Globos de Oro: Nominado a mejor actor drama (Denzel Washington). Critics Choice Awards: Nominada mejor actor (Washington) y guión original. Satellite Awards: Mejores efectos visuales. 6 nominaciones. Asociación de Críticos de Chicago. Nominada a mejor actor (Denzel Washington).

Vi esta película en su estreno y la he vuelto a ver tres años después y confieso que me ha parecido ahora mejor y más cargada de significado existencial. En este film Washington hace un auténtico viaje al abismo, un viaje angustiosamente personal, siendo que a pesar de todo, el espectador mantiene la simpatía y el deseo de redención que el personaje requiere. Como decía, el director Zemeckis dota de gran dinamismo el relato, lo cual que los 138 minutos se van en un suspiro.

En su dimensión más propiamente anímica, Washington es un hombre impreciso, un alcohólico pertinaz y también un piloto excelente. Y es muy psicológico todo lo que acontece tras la primera media hora de infarto, pues se produce un vuelco en la historia de un hombre abatido que quiere sin lograrlo evitar sus adicciones, y también sus falsedades. Según Oti y yo comparto, el director: … te atiborra de calmantes y vacilaciones: el pulso cinematográfico de Zemeckis te obliga a dudar durante gran parte de su terrible propuesta acerca de la atalaya moral desde la que quieres verla.”

No he podido evitar que este film me trajera a la memoria otras películas como Días de vino y rosas de Blake Edwards, 1962, comentada en estas páginas; Días sin huella, 1945 de Billy Wilder; o Leaving Las Vegas, 1995. Y es que este film toca igualmente el enorme problema de la dependencia al alcohol y a otros estupefacientes. El monstruo de la botella, y cómo el personaje se debate en una titánica lucha contra su alcoholismo. Y ya sabemos que el alcohólico suele hacer una negación de su enfermedad, a la vez que es un mentiroso patológico, por lo común en aras a obtener un trago al precio que sea.

Zemeckis y Washington juegan a un peligroso juego con la justicia, la ética, la honradez, la integridad y la verdad. De esta guisa, el protagonista del film debe batallar, primero en aras a asumir su realidad de adicto, y luego para dejar de ser el gran embustero que es. O sea, el comandante Whip Whitaker batalla interiormente en pos del denominado Principio de Realidad, de su realidad como bebedor dipsómano y compulsivo; y luchar igualmente en favor de la verdad y el sinceramiento consigo mismo y con los demás. Ya los textos sagrados lo dicen: “La verdad os hará libres”. Y nada más cierto, pues también es sabido que en el autoengaño y la mentira pertinaz, sólo prospera la patología y el malestar, lo cual dice la Psicología también fehacientemente.

La cuestión es que llegado el momento crucial del film, que ahora no desvelaré para animaros a que veáis la película, Whitaker elige cargar con su culpa y su responsabilidad, y purgar sus errores, con lo cual se produce la redención, llega su liberación y consigue encontrar la paz… y la salud.

Película importante que algunos critican injustamente con el argumento de que es un film “políticamente correcto”. La verdad, no entiendo ese argumento, pues también un film puede, incluso debe, ser moralizador o educativo sin que ello sea una rémora para el mismo. Pero se me ocurre que a muchos espectadores que la han visto (y luego han escrito sus comentarios plan profesional o aficionado), se han visto atrapados, contrariados y sin posibilidad de escape de un film que suscita al visionarlo un feroz litigio con uno mismo; y una vez dentro de esa beligerancia interna, la cinta te cala como una fuerte llovizna ácida o te envuelve como un tornado. Esto, obviamente, incomoda. Puede que algunos de los que han denostado la convencionalidad del final de este film, no hayan sabido aguantar el tirón de su propia angustia en el visionado.

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