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Actividad física y neuroplastia: hacernos mayores con dignidad

Por Enrique Fernández Lópiz

El abordaje de la vejez en el cine no es nada nuevo, hay maravillosas películas sobre el tema desde los años treinta hasta hoy. Yo tengo una colección de filmes sobre este asunto, con mis críticas respectivas y anotaciones correspondientes, que se pueden leer en esta página de ojocritico. Me gusta este campo.

Pero más allá de lo dicho, vivimos una época, antecedida por la mitad del anterior siglo e incrementada en este nuevo siglo XXI, en que los mayores se han convertido en una franja de edad muy numerosa e importante socialmente. Las razones son obvias: poca natalidad, sanidad, mejor alimentación, educación generalizada o mejor calidad de vida en general, que son la causa de un notable aumento de la expectativa de vida y la novedosa y sensacional emergencia de la población mayor en nuestras sociedades. Esto conlleva la visibilidad del adulto mayor en nuestro momento histórico y la evidente pre-ocupación que conlleva a todo nivel: político, económico, asistencial, educativo, etc. Es por lo que el cine se ha volcado en temáticas gerontológicas, por llamarlas de alguna forma, y por lo que las películas donde el o los personajes, son mayores. Abundan las películas con mayores, hombres o mujeres, como protagonistas. A veces, con historias bastante singulares, por no decir extravagantes. Este es el caso de este film de título en español El becario, aunque en realidad su título original no es the fellow (el becario), sino The Intern (El interno). Esta película es de la directora Nancy Meyers y el papel de protagonista está encarnado por Robert de Niro. Otra variable a tener en cuenta en esto que digo del cine gerontológico es la gran cantidad de actores y actrices de enorme calidad, que con el tiempo se han hecho mayores, claro, como es el caso de De Niro.

La historia cuenta cómo un hombre de setenta años, para sortear la desocupación y la molicie, se apunta a un programa para becarios mayores y finalmente es aceptado a modo de ayudante para todo, en un negocio dedicado a la venta de ropa de moda online, que pasa por un momento de gran éxito gracias a su joven, bonita e inteligente directora. Al principio, ella no acepta bien la compañía en la empresa de un hombre de esa edad, pero de forma paulatina y debido al bien hacer de él, se irá dando cuenta y tomando conciencia de que es alguien necesario para la buena marcha de su firma y el buen funcionamiento del grupo y otros aspectos de la empresa.

La directora Nancy Meyers dirige con un gran profesionalidad esta cinta donde reflexiona sobre sobre una gran cantidad de cuestiones, entre ellas los adultos mayores; pero también incursiona en otros aspectos de la vida contemporánea, moderna, burguesa, la vida del mundo de los negocios y de las dificultades y pequeños-grandes problemas que acechan a la vuelta de cada esquina; y lo hace de forma sorprendentemente positiva, de una manera atractiva, lo que hace de esta película una obra que se ve a gusto y que, por lo tanto, se abre paso en lo comercial, pues no atiende a truculencias ni penas, y por supuesto, deja de lado la complejidad de la vida y las cosas, lo cual no lo digo peyorativamente. Como dice Ocaña, Meyers acaba: “… abrazando un estado de autosatisfacción basado precisamente en su propia esencia: en el hecho de ver una película que parece que te va a hacer sufrir pero que te acaba arreglando el día. Y eso también es posible.

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El guión de la propia Meyers, toma como punto de arranque al personaje del “becario” de la Tercera Edad. Al hilo de esta figura del jubilado y viudo, el film habla del amor, del matrimonio, de la fidelidad y la infidelidad, del perdón y la conciliación, de las relaciones interpersonales dentro de la empresa, del trato hombres-mujeres (con cierto sesgo feminista), del peso que da la experiencia y la sabiduría del experimentado becario, nos habla de la necesidad de mantener el sosiego en los momentos difíciles, dibuja tanto a los hipsters como a los clásicos y en fin, un poquito de todo lo que uno se puede encontrar en la vida moderna y de “libre mercado”. Y, la verdad, lo hace de una manera simpática y empática. Además, el libreto tiene regularidad narrativa y buenos diálogos. Tiene sus falencias –como luego diré- y en algún momento la trama chirría, tal el caso cuando van a toda prisa a robar el ordenador portátil a casa de la madre para borrar un mail enviado indeseablemente; pues queriendo ser graciosa la escena, deviene ésta en algo loco y poco acorde con el resto del film.

Si la dirección y el guión de la Meyers están bien, es resultona igual la música de Theodore Shapiro y excelente la fotografía Stephen Goldblatt.

El reparto tiene dos figuras de relumbrón. El primero, la ya consagrada estrella de Robert De Niro que sabe actuar sin aspavientos ni resabios histriónicos; o sea, hace con gran naturalidad su rol de becario mayor curtido en mil batallas, e incluso resulta interesante su vis humorística, y su faceta como individuo conciliador, servicial y buena persona. Anne Hathaway está estupenda, con unos ojos que no caben en la pantalla y haciendo un gran trabajo como Directora empresaria, casada y con un marido que la engaña al que soporta con estoicismo y abnegación. Por cierto, no sé quien eligió para este papel a un actor que no pega ni con cola, un tal Anders Holm, que es lo peor del reparto e incluso resulta ridículo que una tipología de sujeto tan grotesca, traiga en jaque a la bonita Hathaway. Rene Russo está preciosa y muy estimulante. Adam DeVine estupendo. Y acompañan de manera excelente Nat Wolff, Drena De Niro (hija de De Niro y Diahne Abbott), Wallis Currie-Wood, Liz Celeste, Andrew Rannells, Zack Pearlman, Christie Evangelista, Elliot Villar, Linda Lavin y Peter Vack. Bien y conjuntado clan empresarial.

Nominada en 2015: Critics Choice Awards: Mejor actor – comedia (Robert De Niro).

El asunto menos positivo viene cuando el espectador pretende encontrar un entretenimiento potente o emocionante. Y es que el guión, a pesar de estar confeccionado con un aceptable ritmo narrativo y todo eso, es, sin embargo un tanto vano e insustancial. Incluso puede ser visto con un cierto aire rancio, pues da a entender que una mujer diligente y emprendedora necesita la figura de un papá que la empuje y le resuelva las cosas en los momentos difíciles. Y otrosí digo: yo diría, que el conflicto principal de la trama se encarna en el choque generacional que sirve a modo de pretexto para ver el duelo actoral entre De Niro y Hathaway; pues bien, este duelo en la cumbre resulta que se resuelve muy pronto, antes de llegar a la mitad del metraje. Y, hay otros huecos inapetentes y nulos de nutrición cinematográfica en esta película, en los que ya no me extenderé. Para disimular todo esto, Nancy Meyers recurre a Robert De Niro, este encantador del cine que se apodera de la película desde el principio, y de un elenco de actores y actrices que soslayan los aspectos menos enjundiosos y loables de la película.

Os estoy hablando de una película que resulta del agrado del gran público, bonita, entrañable, para pasar un buen rato, con buen mensaje para los adultos mayores, pues los invita a salir de las habituales zonas de confort de los jubilados y a ejercitar mente y cuerpo para no quedar anquilosados.

Como dice el famoso gerontólogo Paul Baltes, con la edad hay que aplicar la fórmula S.O.C. O sea, hay que Seleccionar lo más prioritario y conveniente y abandonar lo accesorio; hay que Optimizar nuestros recursos, sobre todo ejercitándolos; y hay que Compensar las pérdidas con ayudas de todo tipo. Yo, entonces, me quedo con este mensaje: no hay que sentirse viejo, sino hacerse mayor lo más dignamente posible, pues lo más conveniente a todo nivel en nuestra existencia es mantenernos paseantes el mayor tiempo posible (pasantes o becarios), ya que la única certeza de la vida, es que no saldremos vivos de ella.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=pjxNiT6znEE.

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