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Aceptable a pesar de la falta de recursos narrativos

Por Enrique Fernández Lópiz

La película Caza a la espía está basada en la vida real de la agente de la CIA norteamericana Valerie Plame, cuya identidad salió a la luz con riesgo para ella y su esposo, quien en 2003 había firmado un artículo polémico en el New York Times, donde acusaba a la administración Bush de manipular capciosamente información respecto a la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en manos del régimen de Saddam Hussein, lo cual dio luz verde a la invasión de Irak. Estos acontecimientos eran conocidos en España y en Europa cuando se presentó este film, lo cual que la cinta llegó a destiempo, pues el público ya estaba informado del fraude Bush y compaña, lo cual que toda la pretendida épica del film se desinfla y pierde interés. Pero la falta de entusiasmo por esta cinta también radica en una mediocre manera de exponer los hechos.

La historia es así. Valerie Plame (Naomi Watts) dirige como agente de la CIA una investigación sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Su marido es el diplomático Joe Wilson (Sean Penn). La investigación de Plame no confirma la información de la venta de uranio enriquecido por parte de la República de Níger. Cuando la administración Bush hace caso omiso a sus conclusiones y utiliza dudosos datos para que EE.UU. entre en la guerra de Irak, su marido Joe escribe un artículo a la contra, lo que desencadena una encendida polémica. Poco después, la identidad secreta de Valerie se filtra por parte de notorios periodistas de Washington, en lo que parece una campaña orquestada en su contra. Con su identidad al descubierto y sus contactos revelados, la carrera y la vida, física y sentimental, de Valerie se pone en riesgo. Sus amistades y familia se distancian. Arrecian las amenazas de muerte anónimas y los negocios de su marido Joe se resienten. Valerie siente miedo y comienza así su dilema. Pero la protagonista emprenderá una dura batalla para alumbrar la verdad y salvar su reputación, su trayectoria profesional y su vida privada.

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El director Doug Liman se limita a realizar con corrección un material que inicialmente parecía interesante y sustancioso. Pero a Liman le falta la chispa y la excelencia para elevar su obra a un nivel de bondad aceptable. De esta guisa, el producto puede incluso parecer un tanto insulso. El guion de Jez ButterworthJohn-Henry Butterworth, adaptación del libro autobiográfico de Nalerie Plame, Fair Game: My Life as a Spy, My Betrayal by the White House, resulta un libreto en su aspecto formal aceptable, pero que por momentos se muestra confuso y no acierta a mantener la intriga como habría sido de desear. Magnética y muy bien elaborada la banda sonora de John Powell, que puedes escuchar aquí; e igualmente buena la fotografía del mismo Doug Liman.

En el reparto sobresale la actuación de Naomi Wats, acompañada de un Sean Penn que cumple según su calidad y entidad como actor; ambos transmiten credibilidad a sus atribulados personajes. El resto es un elenco de lujo con notorios trabajos de Sam Sephard, Ty Burrell, Bruce McGill, Michael Kelly, Brooke Smith, David Denman, Noah Emmerich y Liraz Charhi. Conjuntados, muy bien.

Entre premios y nominaciones en 2010 tiene: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película). Satellite Awards: 3 nominaciones incluyendo mejor actriz (Naomi Watts).

Aunque no se niega la “intensidad escénica” (Trashorras), la obra no puede obviar cierta vocación de telefilm que carece de tensión y emoción en su recorrido. Apenas hay intriga pues apenas hay sorpresa, “sus escenas de acción o de choque están resueltas con menos pericia de lo habitual” (Quim Casas), y por lo tanto el interés del espectador decae conforme avanzan los minutos. O sea, es un “entretenimiento digno, pero no hace palpitar” (Boyero). Lo más evidente del film es el mensaje ideológico, y eso no basta para engrosar el producto, pudiendo incluso caer en la simple baza política a favor de los demócratas y pacifistas, norteamericanos o no, versus los republicanos-Bush belicistas.

Efectivamente, Liman cuenta lo que fue una gran falsedad que arrastró al mundo a una incierta guerra con un destino que se ha demostrado muy peligroso y de consecuencias aún imprevisibles. En este sentido, la sustancia del film ya abriga una fuerte intención crítica. Los hechos se reflejan bien, lo que junto a la intención que lleva emparejada compone un conjunto de impacto. El director y sus guionistas pivotan sobre las enormes posibilidades de un material real que fue dramático para la paz mundial. Pero lo que en teoría habría facilitado mucho las cosas, por sí sólo no garantiza el ‘buen cine’. Parece que con tantos ingredientes buenos a priori, ya no se molestaron en trabajar más a fondo los recursos narrativos. Pero por muy importante que sea lo que se cuenta o se muestra, es vital saber acercarse a ello con oficio y genio. Pues ocurre que hasta pasado el ecuador del film, la trama no arranca, y cuando por fin lo hace, la película está prácticamente acabada. Los hechos hay que presentarlos de forma más atractiva, potente y tensionada.

En resumen, aunque la cinta da cuenta de uno de los espectáculos más vergonzantes de la reciente historia USA –pero no sólo USA-, una dirección y guión faltos de brío y pericia en el relato, convierten la película en un producto que ni ha trascendido ni ha sobresalido como habría cabido suponer, a pesar del material explosivo (nunca mejor dicho), que manejaba. Como escribe Maldivia: “película plana, que desaprovecha las implicaciones de los hechos reflejados y que siquiera como reivindicación política goza de valor, pues llega demasiado tarde”. Por suerte el tirón de los actores y otros aspectos técnicos meritorios, acaban por dejar una impresión aceptable.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=Mhm1Y3ynf-E.

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