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A Roma con Woody Allen

Por Adrián Pena

Como viene siendo habitual desde hace bastante tiempo, Woody Allen no puede fallar con si cita anual con el cine, una por año, ni más, ni menos. Un trabajo nuevo cada 12 meses, así lo decidió hace tiempo y así sigue siendo. A lo que su filmografía respecta, su última cinta, a la espera del estreno de Blue Jasmine, A Roma con amor es una comedia por episodios con la capital italiana de fondo. Fue abandonar su querida Gran Manzana y no parar de hacer turismo por la vieja Europa. Tras visitar Londres, Barcelona y París le tocó el turno a la ciudad del amor. Amor, infidelidades y fama son los ingredientes de la última cinta del veterano director.

Penélope Cruz, Alec Baldwin, Roberto Benigni, Jesse Eisenberg, Ellen Page y el propio Woody Allen, son algunos de los protagonistas de las cuatros historias que el cineasta neoyorquino muestra en pantalla. Un conjunto que tiene como resultado una cinta extraña e irregular, una bajada de nivel en su filmografía. Las cuatro historias que nos narra nada tienen que ver entre sí, esto no es Babel, Traffic o Crash, aquí nada va a concurrir en el mismo punto al final. Los sucesos van desde la fama inesperada vivida por Benigni, hasta el encuentro de una pareja con sus futuros consuegros. Pasando por terceras personas que aparecen en medio de una relación o prostitutas que se hacen pasar por mujeres por temas de negocio. Todo ello de manera intercalada.

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La historia del matrimonio americano que viaja a Italia para conocer a su yerno y a los padres de éste es buena, con momentos brillantes en el personaje de Allen. La de la pareja del pueblo que se traslada a la ciudad y donde el marido se va con una prostituta, que acude a su habitación por error, a una comida de negocios también lo es, pero desaprovecha totalmente el juego del papel de Penélope Cruz, que podía haber llegado a ser delirante y tremendo si el director se lo hubiera propuesto. La tercera historia, la de la pareja joven que mete a la amiga en su casa, para prácticamente romper la relación, es predecible y carente de sorpresas. Da igual la presencia de un Alec Baldwin que nada pinta en la historia, da igual que esos jóvenes sean una buena Ellen Page y un justito Jesse Eisenberg, la verdad que da igual si no hay ni un ápice del cine de Woody. En cuanto a la cuarta historia, la de Roberto Benigni, debería haberse eliminado del metraje, a lo Terrence Malick, el director podía haberse ahorrado los minutos de una historia sin pies ni cabeza. Un hombre que de la noche a la mañana es famoso en todo Italia, que es perseguido día y noche por los paparazzi, y todo ello para contarnos una vida sin gracia ni interés. Pura vergüenza ajena, la comicidad del actor italiano queda aquí totalmente desvirtuada y retratada. El resultado final, es una serie de historias en tono de comedia, incoherentes y absurdas. Una película regular carente de ingenio o gracia.

Tras la elegancia mostrada en Midnight in Paris, y el retorno a los Óscar con la nominación a mejor película, parecía que el viejo Woody volvería a la senda de los éxitos académicos, pero nada de eso, más bien todo lo contrario. A Roma con Amor se queda en la mera banalidad de un cineasta genial que cuenta con grandes obras maestras entre sus películas. A estas alturas puede que nadie busque sorprenderse con el cine de Woody Allen, pero hay un mínimo exigible para cada director, y aquí no se cumple. El film resulta aburrido en mucha parte del metraje, siendo predecible y poco sorprendente. Y es que, a excepción de alguna pincelada de ingenio, no hay nada del cine de Allen. Ni siquiera Roma sirve como postal de fondo.

A Roma con Amor queda muy lejos de éxitos cercanos, como Midnight in Paris o Match Point, siendo la película menos brillante de Woody Allen de la última década. Para él, por lo visto, una película al año no le hace daño. Pero a veces es mejor dejar de lado récords y marcas del tipo “llevo haciendo una película anual desde…”; a veces es mejor tomarse un respiro entre rodaje y rodaje, sentarse, darle unas vacaciones a la cabeza y volver cuando las pilas estén bien cargadas y la inspiración sea mejor.

Se podría decir que esto es Vacaciones en Roma; mejor dicho, las vacaciones que Woody Allen se tomó a costa de una película hecha con poco esfuerzo y sin mucho amor. Siempre nos quedará París.

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