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A medio camino entre el buen cine y cierta artificialidad

Por Enrique Fernández Lópiz

Vaya película esta que he visto hoy sobre la psicopatía en estado puro, con cara de mujer. Perdida es un film dirigido con efectividad y vis creativa por David Fincher, que ya ha merecido premios y elogios múltiples (Seven, 1995; El curioso caso de Benjamin Button, 2008: Globo de Oro mejor director; o Millenium. Los hombres que no amaban a las mujeres, 2011, multipremiada igualmente). Con este film creo que se revela como un maestro de la crítica social y del suspense, incluyendo un final de terror, que obviamente no desvelaré, pero que pone la carne de gallina. A su lado y con un gran guión (quizá un poco recargado en los diálogos), Gillian Flynn, con un libreto basado en su propia novela homónima, un Best Seller que ha desbancado a las 50 Sombras de Grey de la parrilla de las novelas más vendidas; un relato turbulento, corrompido, angustioso y de todo punto enfermo. Excelente e hipnótica banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross; y una muy buena fotografía de Jeff Cronenweth con tonos ambientales apagados, entre el acero y el azul, el uso de los contraluces y las gamas tonales: bella y admirable fotografía. En realidad, el equipo de Fincher, el director de fotografía Jeff Cronenweth, y los músicos Trent Reznor y Atticus Ross hacen que se detecte rápido el estilo y personalidad de Fincher con apenas ver un solo plano. Sin olvidar una puesta en escena atrevida, innovadora, perfeccionista, estilizada y transparente.

El reparto es igualmente excelente. Por empezar tenemos al principal protagonista, un Ben Affleck un tanto rellenito que consigue hacer creíble el papel de marido cínico y desconcertado, inmerso en un mar de contradicciones; junto a él la malvada Rosamund Pike, una bella actriz británica que da todo de sí misma en este papel en el que ha sido capaz de componer con absoluta solvencia un personaje complicado, enrevesado, ciclotímico, odioso, sociópata de libro de texto, una presencia magnética cuyo mejor punto a favor es una mirada inquietante y la evidencia de que la actriz aprovecha el regalo y aprueba con nota; Neil Patrick Harris excelente en su rol de pobre hombre enamorado a modo de “chivo expiatorio”; el humorista Tyler Perry está genial como abogado criminalista superestrella, de color; Kim Dickens hace para mí uno de los mejores papeles del film en su rol de la detective que dirige la investigación policial; Patrick Fugit muy bien; Carrie Coon, la esforzada y sufridora hermana de Affleck; las elegantes y bellas Missi Pyle y Sela Ward que interpretan a los dos extremos del periodismo televisivo, la entrevistadora con clase y la periodista sensacionalista que al final se alimentan de la misma carroña; Kathleen Rose Perkins, Scoot McNairy, Emily Ratajkowski, Lee Norris, Casey Wilson, Lyn Quinn, Lola Kirke, David Clennon y Lola cierran un espléndido elenco actoral.

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Este thriller, a la vez película de intriga e incluso de terror, relata el quinto aniversario de boda de Nick Dunne (Ben Affleck), quien tiene que denunciar la misteriosa desaparición de su mujer Amy (Rosamund Pike). Es aquí donde entra a saco la toda la presión mediática de la TV y los medios de comunicación, amén de la policía. Entre todos estos estamentos, el prototipo social de felicidad hogareña que ofrecía Nick se tambalea ostensiblemente. A ello se une su conducta atípica, que le convierte ante el gran público como un sospechoso que hace dudar sobre si no habrá sido él quien ha asesinado y ocultado el cuerpo de su esposa.

Dice Jordi Costa que: “El hecho de que el guión lo firme la propia Flynn proporciona una pista valiosa: Perdida, la película, se parece mucho a la novela, tanto que puede dar la impresión de que Fincher ha preferido ser invisible o no perturbar una historia impecable con un planteamiento estilístico demasiado extremado”. Por lo tanto, y yo acuerdo, la novela de Gillian Flynn es crucial para la película. Fue y es una novela de enorme éxito editorial. Tanto que la propia Flynn llegó a decir en su momento: “Todavía estoy intentando acostumbrarme. Me gustaba mucho el libro, pero nunca se sabe. No creía que fuese tan superior a los dos anteriores como para decir: ‘oh, dios, esto me hace millonaria’. Es genial. Salvaje“. Y sobre la novela se ha dicho en algunas reseñas que cuenta una historia misógina, aunque la verdad, la historia, toda ella, es bastante degradante para ella, la protagonista, pero igual para él, ambos salen igual de mal parados en un retrato implacable y devastador para ambos géneros, eso sin contar a los padres de ella, y otros personajes de la historia. Flyn señala también, que su novela Perdida es una historia de amor muy particular, truculenta, pero una historia de amor al fin y al cabo. Amy y Nick se usan y se odian, se necesitan pero no se pueden ver y se vuelven adictos a esa dinámica en la que cada uno utiliza todo lo que sabe del otro para hacerle la vida más complicada.” […] “El enemigo en casa” […] “Creo que la razón por la que el libro ha funcionado tan bien es porque todo el mundo se siente de una u otra manera un poco identificado. Por eso trabajé especialmente duro para dotarles de sentido del humor y de un punto de vista particular. Para hacerles sentir como gente real y pegarles tanto a la realidad como fuera posible, de manera que pudiesen ser alguien que conoces”. También el humor juega su partida: “En este caso era necesario porque Nick y Amy hacen tantas cosas desagradables, horribles e imperdonables que la mejor manera de que eso pase es el humor. Sin humor un thriller no funciona igual”.

De manera que ante este estado de cosas de la novela, la película tenía que ser en una medida importante un reflejo de la obra en que se fundamenta. Estamos, así, ante un melodrama con entidad, reforzado como ya hemos apuntado por un elenco de pesos pesados que llevan a buen fin esta historia sin duda bastante sórdida y horrorosa.

No obsta esto que digo para reconocer que Fincher hace una adaptación de la novela original que encierra componentes sorprendentes, a la vez que resulta impactante y provocadora. Se trata de una cinta con un metraje respetable (149 minutos), que no obstante no se hace pesada por el tratamiento febril de la historia, así como por la puntillosa precisión con la que Fincher presenta el relato, con hondas cargas de profundidad, a la vez que con una especie de transpiración a modo de humorada negra y sombría. En ocasiones incluso puede parecer que hay un sobrante de diálogos e incluso de trama, lo cual que puede dar un cierto tono de artificialidad al film. O sea, la historia es en ocasiones forzada, exagerada, en una forma particular de reduccionismo de la condición humana al carácter de simulacro.

En la película, después de la desaparición de la mujer, tras saberse que hay señales de violencia y conforme se extiende la duda de que haya sido su impoluto esposo quien la pueda haber matado, se inicia un enigma del que nada se prevé, y del que el espectador sabe por los testimonios de la pareja, él y ella, que dan la impresión de una mezcla de verdades y mentiras según los pareceres interesados de cada cual. Hay una sucesión de argumentos donde la verdad y la falsedad parecen cohabitar como la cara y la cruz de una misma moneda. Como dice Boyero, en estas versiones encontradas de la trama “conviven la farsa y la realidad, el acorralamiento estupefacto y el juego maquiavélico, el chantaje emocional y los sentimientos terroríficos, conduce a un desenlace que desprecia todas las convenciones, cruel, realista, demoledor”. Verdaderamente nadie puede decir que no sea así este film, que en ocasiones más se parece a una película de terror que a un thriller. No digamos el final, un final que a los presentes en la sala nos sobrecogió, al menos a mí.

Lo cierto es que se trata de una historia en la que nadie sale bien parado: el marido es violento y vago; la mujer –que es la peor- es una psicópata en toda regla, una persona fría, narcisista, calculadora y asesina que siempre busca su propio beneficio, exprimiendo a quien se le pone por delante, con la meticulosidad de un cirujano y la malignidad de una diabla: ¡una mujer para salir corriendo y cuanto antes mejor!

Los medios de comunicación tipo las televisiones, su poder mediático, esa capacidad para encumbrar y al minuto siguiente poner a los pies de los caballos a las personas, es descrito con una dureza y un realismo que da hasta miedo. Los padres de ella, un padre inexistente y dócil versus una madre de mucho cuidado, dibujan el caldo de cultivo familiar de donde ha podido salir sin duda la sociópata asesina de su hija. Las vecinas, las amigas, la joven amante del marido, todos los personajes parecen confabulados en un trenzamiento perverso global. Incluso la policía lleva su parte, sólo enmendada por la cuidadosa y meritoria detective, mujer también, que se salva de la quema. Y finalmente, el abogado de postín que se las sabe todas e ilustra a esa clase especial de letrados norteamericanos movidos por el estrellato y el dinero.

En definitiva, se trata de una película que entretiene, donde no paran de ocurrir cosas y las escenas se desarrollan con resolución. Sin embargo, la suma del conjunto no refleja la pulcritud y fuerza de sus partes. Creo que falta esa unidad fílmica que debe engarzar y dar cohesión a las partes. El guión de Flynn pesa como un saco de plomo y resta naturalidad a la película que resulta así, y en ocasiones, artificiosa. Tal vez demasiado cebo, demasiada treta para mantener la esperanza de una obra sólida; en ocasiones resulta un tanto vacía. Empero, es una película con sus puntos de lucidez, de talento (dirección, actores, fotografía,…), que se ve bien, no es la gran película pero uno no se mueve del asiento. Lo que pasa es que al día siguiente, yo al menos, me doy cuenta de que está por debajo de lo creí haber visto a la salida de la sala. Por eso, para escribir unos comentarios sobre una película, hay que esperar a dormir una noche, puede que soñar con el film, y darse un poco de tiempo para que las imágenes y los criterios se sedimenten, para no confundir lo sólido de lo líquido, la comida rápida y en apariencia buena, de un plato bien cocinado, lo trascendente de lo que no lo es. La película, desde mi modo de ver, está a caballo entre ambos extremos.

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