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Por Alejandro Arranz

-Una experiencia física y visceral que te dejará sin aliento. Un thriller de caza al hombre de ritmo apabullante y con mensaje.
-Realismo implacable, un desgarrador descenso a los infiernos escoltados por un formidable Jack O’Connell.

El director de series como Top Boy o Dead Set, Yann Demange, estrena su ópera prima. Un thriller de supervivencia relacionado con el conflicto en irlanda del norte en los años 70 que ha gustado lo indecible allí por donde ha pasado. Y aunque bien pueda parecer -a priori- que su argumento es bastante sencillo, acabamos descubriendo que hay mucho material interesante si se ahonda un poco en el guión de Gregory Burke. Como protagonista de esta sorpresa del debutante, encontramos a uno de los actores sorpresa del año, Jack O’Connell. El chico que impactó con su difícil actuación en “Invencible” de Angelina Jolie. Para darle algo de apoyo o bien perseguirle tenemos un vistoso plantel de secundarios, entre los que encontramos a: Sean Harris, Paul Anderson, Charlie Murphy y David Wilmot.

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Pasados a penas 15 minutos da comienzo un infierno casi insostenible, el del joven soldado interpretado por Jack O’Connell tras ser abandonado en medio de los disturbios de un peligroso barrio de Belfast. Pero simultáneamente comienza el nuestro, pues Demange se propone ponernos junto al protagonista en primera línea de fuego, y vaya si lo consigue. El debutante cuenta esta historia de forma pocas veces vista, con un realismo desgarrador que no deja momento para respirar al espectador. Uno siempre está alerta, porque el riesgo se puede palpar. La tensión no cesa, con un abrumador ritmo controlado a la perfección por el director. De este modo este thriller de caza al hombre se convierte en una experiencia totalmente física y devastadora, pero también en algo más. El guión de Burke se expande a temas de interés más universal, más humanos. Del mismo modo juega con los claroscuros con sobrada corrección creando ambigüedad con inteligencia y sin efectismo alguno.

La dirección es excelente, es difícil recordar que el director es debutante porque en ningún momento parece el trabajo de uno. Esa manera de convertir un “tranquilo” barrio de Belfast en un infierno sobre la tierra o la sobresaliente labor con la que mantiene la tensión y equilibra el ritmo son propios del Paul Greengrass de Bloody Sunday; aunque la comparación ya esté bastante manida. Por último hablar del trabajo de los actores, el reparto entero cumple su función sin problemas, pero Jack O’Connell nos ofrece su segunda gran interpretación consecutiva, de nuevo con un trabajo físico importante. Llegados al final el espectador está exhausto, ha soportado una gran -y dura- carga al lado del protagonista, y aunque hacía el desenlace el guión se tope con ciertos problemas puntuales nada le impide al filme concluir de manera satisfactoria.

La ópera prima del director Yann Demange es una experiencia física aplastante. Apoyada por un trabajo de realización impresionante y por un preciso guión, introduce al espectador en un peligroso barrio de Belfast gracias a un realismo implacable. La inmersión es total.

Alejandro Arranz

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