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12 años en el infierno

Por Adrián Pena

12 años en el infierno, es lo que el bueno de Steve McQueen hizo pasar al personaje de Chiwetel Ejiofor, o lo que es lo mismo 12 años de esclavitud, título de este pedazo de dramón que parece que competirá con Gravity por arrasar en todos los grandes premios.

Dramas como éste o como La lista de Schindler (escalofriante y con la que no estoy de acuerdo en la manera que llevan al personaje de Oskar) son necesarios. Necesarios para sensibilizar a una sociedad inmune a los dramas que le rodean, necesarios para evitar volver a hacer errores imperdonables que jamás se debieron cometer y necesarios para darnos cuenta que sólo tenemos una vida, un tesoro muy valioso y muy poco valorado muchas veces.

McQueen nos introduce en la vida de Solomon Northup, un violinista de clase acomodada que de la noche a la mañana pasa a ser un esclavo. Una historia real, basada en un hecho real, aunque eso realmente nos da igual, puesto que atrocidades semejantes o peores habrá cometido la raza humana; pero es cierto que al hacernos sabedores de que la inspiración es verdadera se nos pone, aún más, la piel de gallina.

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El tema de la esclavitud, como el del holocausto, ha sido llevado al cine mil y una veces a la gran pantalla, como Django desencadenado sin ir más lejos, pero pocas veces reflejado tan bien como en la cinta del director británico. El cineasta lo hace sin tapujos, sin florituras, sin ocultar nada; sin querer manipular los sentimientos del espectador, sino su conciencia. El vehículo usado por él es Chiwetel Ejiofor, magnífico y desolador en su mejor papel hasta la fecha de largo. Suyo es gran parte del mérito de esta cinta, como suyos son los latigazos recibidos, su cara es el reflejo de un alma inocente; inocente de recibir tanta violencia en sus carnes, inocente por ser de una raza diferente, en definitiva, inocente por un delito que no ha cometido. Todo hace indicar que su gran papel será recompensado y optará por un Oscar.

Junto a Ejiofor tenemos un excelentísimo reparto que, con más o menos minutos y gracias a su aportación, consiguen encumbrar más aún a la cinta. Entre el elenco de secundarios nos encontramos con nombres como los de Benedict Cumberbatch, Brad Pitt, Paul Dano, Paul Giamatti o Michael Fassbender. Éste último realizando un papel que, al igual que el del personaje principal, huele a Oscar. El actor germano irlandés es un superdotado de la interpretación y en esta cinta realiza un papel endiablado y muy difícil, de esos que tanto gustan a la Academia, así que no sería de extrañar verle a principios de marzo levantando una de las doradas estatuillas. Otra secundaria y debutante, que asusta (por lo bien) con su actuación es Lupita Nyong’o, en un papel tan duro como el de Ejiofor, indescriptible; hay que verlo para sentir ese algo que se remueve en el interior, simplemente impresionante.

McQueen realiza una dirección más que notable en una cinta en la que muestra penurias, angustia y mucho dolor. Una oda a la vida y a la supervivencia. El único problema que se le puede achacar a su cinta es el paso del tiempo (cosa que en Forrest Gump o El curioso caso de Benjamin Button sí se llevaron bien), cosa que para mí evita el sobresaliente, parecen 12 meses de esclavitud en lugar de 12 años. Por lo demás sólo me queda una pregunta que realizar: ¿Estamos ante la próxima ganadora del Oscar? Sólo el tiempo lo dirá.

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