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12 Años de Esclavitud

Por Alejandro Arranz

-Conmovedora, una absoluta obra maestra sin precedentes.
-Triste, dolorosa y hermosa; McQueen consigue que te duelan los latigazos.

Desde comienzos de este año llevo esperando para ver el nuevo trabajo del director Steve McQueen; el porqué está bien claro, un cineasta con tan sólo dos películas en su filmografía: Hunger, una brillante y demoledora ópera prima con un Fassbender que quitaba el hipo y Shame, una de las películas más brutales y difíciles de soportar que jamás haya visto, a penas superada por Malick ese año y que -de nuevo- tenía un Fassbender de Oscar; y este nuevo trabajo prometía por su temática, por su increíble reparto y, por último, por el huracán de críticas positivas que llegaban a oídos de todos. Ayer en una sala abarrotada de gente se apagaron las luces y asistí al espectáculo que me tenía preparado McQueen.

Una experiencia inenarrable e inalcanzable para cualquier otra película del año; es una manifestación algo precipitada pero me arriesgo y exclamo que ésta es la mejor película del año, puedo contar con los dedos de una mano las candidatas a quitarle ese título. Scorsese, los hermanos Coen o David O. Russell tienen unas posibilidades tan remotas que casi asusta decirlo.

McQueen vuelve a crear algo pocas veces visto, una película que muy pocos podrán soportar, una de las películas más aterradoras y reales que se hayan creado en los últimos 20 años; visceral, cruel pero también llena de belleza. Todo en sus hermosas y frías imágenes, en sus memorables personajes, en todo lo que ves y no ves en pantalla, incluso la banda sonora que parece pasar desapercibido, no podía haber sido más precisa; una joya destinada a arrasar en los Oscar, y aunque no fuera así, ¿a quién le importa?, ésta es la película más asombrosa, trágica, real y apasionante del año.

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No hay tiempo para el melodrama barato ni para acomodarse a las expectativas, McQueen no elimina escenas crudas para la tranquilidad de nadie y muestra el horror en su forma más verídica. Sin embargo, no sólo hablamos de una dirección impecable, la película funciona como un reloj desde el magnífico guión hasta el último de los secundarios. No es algo que se deba decir a la ligera, pero todo el trabajo que rodea a 12 Años de Esclavitud es de lo mejor -sino lo mejor- del año: el diseño de producción, la banda sonora, los intérpretes, la estructura narrativa, etc.

En primer lugar, el dominio visual que muestran McQueen y su director de fotografía (Sean Bobbitt) es aplastante e insuperable por igual, la cinta posee claros rasgos de Malick o Paul Thomas Anderson pero ninguno podría haberla rodado como McQueen. Y pasando por alto el  montaje, la banda sonora, el vestuario y tantas otras categorías en las que también recibirá nominaciones a los premios de la Academia, voy directamente a la de guión adaptado; a pesar de cierta torpeza en breves momentos, estamos ante un guión muy inteligente y profundo, del que destacan la estructura narrativa y, sobre todo, algunos personajes para la posteridad, en particular los de Edwin Epps y Solomon Northup que nos redirigen a un punto clave de la película, las interpretaciones.

Ningún personaje por grande que sea, llegaría muy lejos sin su respectivo intérprete, y por esa razón es una sorpresa encontrar personajes tan complejos interpretados por actores inmensos en sus mejores momentos de forma; pocas veces olvidas la diferencia entre actor y personaje como ocurre aquí, y eso es gracias a la labor de los actores. Todo el reparto está magnífico, y me refiero a todos: Giamatti, Pitt, Dano, Nyong’o, Cumberbatch; cada cual en su papel realiza un trabajo soberbio, pero hay dos que llegan más lejos, Michael Fassbender y Chiwetel Ejiofor completan dos interpretaciones merecedoras de Oscar, el primero por desarrollar un personaje tan complejo con todo tipo de matices hasta hacerlo absolutamente insuperable y el segundo por realizar la que es seguramente la interpretación principal-masculina más extraordinaria del año.

No me queda mucho más que decir (quizá sea más apropiado el término alabar), simplemente McQueen ha creado una película dura, triste, inteligente, brillante, brutal, conmovedora, maravillosa y en última instancia necesaria. Una película que sobresale en todos los campos y que además innova en múltiples aspectos, cine de altísimo nivel que trasciende fronteras y épocas, una indiscutible obra maestra, un clásico instantáneo y atemporal que no se irá de nuestras mentes ni de nuestros corazones.

Alejandro Arranz

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Comentarios

  1. Muy de acuerdo, todo raya a gran altura y aún por encima la dirección, ese Óscar si que diría es suyo, el de mejor película aún no estoy 100% seguro.

    Saludo.

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