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12 años de esclavitud

Por Víctor Lozano

Tengo que admitir que 12 años de esclavitud es una de las mejores películas que he visto en 2013 porque expone sin rodeos ni pretextos, y con el realismo necesario, el horror del holocausto esclavista que asoló a Estados Unidos en los previos de la Guerra Civil, algo que no consiguió con mucho esmero Spielberg con su Amistad o Lincoln ni Tarantino con su Django desencadenado (aunque éste aderezó el tema con sus tópicos: humor, música setentera y violencia). Steve McQueen, director de la desconocida Hunger y de la exitosa Shame, consiguió lo impensable con esta cinta que es tratar como he dicho antes con mucho esmero y autenticidad la esclavitud y la amarga relación de “amo/esclavo”. Cabe destacar que se han inspirado en la famosa serie de televisión Raíces para meter toda la crueldad que abunda en la esclavitud.

Una de las odiseas más estremecedoras del esclavismo americano es la de Solomon Northup (un increíble Chiwetel Ejiofor), un hombre negro y un músico con bastante reputación que ha nacido libre al margen de las injusticias de la sociedad que habitaban en el país en cuanto a la segregación racial, pero es engañado y secuestrado para ser vendido como esclavo en las plantaciones de algodón sureñas. Empeñado en no perder la esperanza, Solomon emprende una desesperada lucha por hacer todo lo que sea necesario para recuperar la libertad y reunirse con los suyos.

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Viendo la trama, está bastante claro que su lucha por conseguir lo que quiere no se puede ni comparar con la de Escarlata O’Hara. No sé con exactitud qué es lo que me gusta más y si veo con más potencia en la película la excelente trama, la legendaria actuación de Michael Fassbender o el tratamiento de la estética; creo que las tres partes por igual. 12 años de esclavitud tiene también los clichés de un telefilme de sobremesa del domingo, aparte de estar conectado con las películas mencionadas en el primer párrafo. McQueen realiza una asombrosa labor de dirección en su tercer largometraje que hace que le quitemos la etiqueta de director “indie” y se le abran las puertas del cine comercial, también nos hace reflexionar sobre como la definición de ser humano en su totalidad; sobre como el hombre blanco atormentado de sus propios demonios y con remordimientos yaciendo en su interior pierde todo el uso de razón al entender que el abuso, las degradaciones y malos tratos a los esclavos son obra del Señor y por el bien de Él; y sobre como el hombre negro libre pierde toda la noción vital al ver que es traicionado para ser esclavizado. Ejiofor hace una interpretación estupenda como el “esclavo” Solomon, su actuación es de Oscar. Mientras que Fassbender en su tercera colaboración con McQueen también hizo un magnífico papel como el loco cacique y esclavista Edwin Epps; normal que le saliese sublime la actuación si el actor alemán se notó que era buen intérprete desde que hizo de Magneto en X-Men: Primera Generación y del adicto al sexo de Shame; merece con todos los respetos su primera estatuilla aunque sea de Mejor Actor de Reparto. Me encantan las secuencias de cuando Epps tiene enfrentamientos de conducta con nuestro protagonista, son duras y bestiales porque mantienen al espectador muy atento y con los ojos como platos. No son los únicos que se van de rositas en cuanto a logros, también están el genial Benedict Cumberbatch como esclavista bondadoso, un inesperado Paul Dano como capataz sin escrúpulos, una Sarah Paulson soberbia como esposa de Epps, una debutante portentosa como Lupita Nyong’o y las breves apariciones estelares de Paul GiamattiBrad Pitt, que también contribuyen a dar más energía a la película a pesar de estar poco tiempo. Un reparto bien escogido.

En cuanto al tratamiento estético también es espléndido, que incluye dirección de fotografía, diseño de producción, vestuario, etc. Pero más hincapié tiene la adecuada música de Hans Zimmer y el conocido tema Roll Jordan Roll, que es lo que cantan Solomon y los demás compañeros esclavos cuando tienen momentos en solitario alejados de los amos para sacar la rabia y emoción que les corroe en el interior, como si estuviesen manifestando sus deseos de que haya justicia y esperanza en este mundo nefasto. En conclusión, 12 años de esclavitud es un magistral y devastador experimento cinematográfico que ya se puede considerar una nueva obra maestra… Ojalá le lluevan muchos premios.

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