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Excelente corto que denuncia los matrimonios de conveniencia con niñas

Por Enrique Fernández Lópiz

En este corto: 14 millones de gritos, se pretende denunciar la obligación con que someten muchos padres, sobre todo en oriente o países musulmanes, a que las hijas menores contraigan matrimonios de conveniencia con hombres mayores. La película se titula ’14 millones de gritos’ porque hay 14 millones de niñas menores obligadas a casarse cada año en el mundo. Este filme es mi grito para que podamos escucharlas. Y que enterremos para siempre la idea de que esto pueda ser considerado normal, ha declarado la directora Azuelos.

En ese sentido, me ha parecido un excelente corto muy bien dirigido por Lisa Azuelos, con buenas interpretaciones de Alexander Astier y Julie Gayet (la última “conquista” de Monsieur le President, François Hollande; con este corto reivindicativo Gayet reapareció como actriz y productora tras un sonado pleito con la revista Closer). Gran fotografía en blanco y negro que subraya el tenebroso fin de la denuncia, buena música y un guión bien trabado en los poco más de cuatro minutos que dura el corto.

Además, en este documento los personajes no son orientales o musulmanes, sino occidentales, lo que da lugar a que el espectador, sobre todo el europeo, el americano o el de Oceanía, se identifique más con los personajes y así con la denuncia que persigue.

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Resulta desgarrador ver la contentura en la cara de unos padres que están vistiendo de blanco a una pobre niña apenas púber, para que se case según el interés de ellos. Un niña aún con su muñequito entre las manos, su mirada inocente, que mira asombrada a la cara de sus padres, cogida de sus manos mientras en cámara lenta suben la escalera de caracol de un suntuoso edificio al final del cual le espera una recepción de elegantes invitados, en una sala pomposa y espectacular, con señoronas que ríen alegres o jocosas, y al final del pasillo central entre los invitados, un hombre mayor, muy mayor, donde los padres la entregan en los brazos del anciano pretendiente.

Llama la atención la mueca de negativa de la niñita, su mirada implorante de no querer estar ahí. El viejo la coge de la mano, la misma mano donde lleva agarrado fuertemente su conejito de trapo. Aparece una mujer oficiante que sin mediar palabra los declara casados y el señor toma en brazos a su mujer-niña y cae al suelo su conejito de trapo entre aplausos enfervorizados de una comunidad de gente engalanada y señoras con pamelas que aplauden hasta el éxtasis. Sin solución de continuidad, la niña es lanzada, ya en otro escenario, a la cama, en la intimidad de la alcoba, mientras el anciano esposo se desabrocha los pantalones ante el llanto de pavor de la pobre niña.

Parecería un mal sueño de no ser porque es un ritual repetido hasta el límite en muchas culturas de nuestro mundo, culturas sobre todo orientales donde no se respeta la niñez y donde la infancia es rota por este tipo de matrimonios de conveniencia. Pero también, no lo olvidemos, la infancia de millones de niños es destrozada por las guerras, la pobreza y el trabajo infantil.

Parece mentira que los Derechos del Niño sean tan impunemente violados entre millones y millones de infantes que ven así rota la mejor etapa de su vida, una época para el juego, la escuela, la relación con otros niños, la alegría y el alborozo de la inocencia.

Azuelos ha declarado: Me cuesta entender porque las mujeres son las ultimas esclavas en el mundo, por qué la comunidad internacional acepta que 14 millones de niñas sean obligadas a casarse y sean violadas cada año.” Y es que, aunque parezca escandaloso, en Francia se estima que 70.000 muchachas son casadas a la fuerza cada año. Sé que este corto pasará inadvertido para la gran mayoría del público, o puede que sea, con la ayuda de todos, un grito de atención que ponga en marcha el inicio de un cambio.

Para mi modo de ver, excelente vídeo de denuncia. Lo aconsejo e incluso os digo que lo podéis ver en: https://www.youtube.com/watch?v=Cl-TtSFJS-g). Sólo dura cuatro minutos, y son cuatro minutos de alto voltaje, os lo aseguro.

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