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Enrique Fernández Lópiz

Una divertida comedia española casi olvidada y Jardiel al fondo

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos ante una divertida comedia de nuestro cine. En este título, Los ladrones somos gente honrada, tres pobres rateros de tres al cuarto, conocidos como el “Castelar” (José Luis Ozores), el “Pelirrojo” (Antonio Garisa) y el “Tío del Gabán” (José Isbert) son convocados por otro ladrón de más postín, alto, listo, guaperas y astuto, Daniel, de apodo “El melancólico” (Carlos Miguel Solá). El golpe que les propone es un robo para apoderarse de una joya con diamantes de enorme valor. Pero el golpe fracasa, lo cual que deciden como mejor camino adentrarse en el círculo social y familiar del propietario del tesoro. Es en este punto cuando los dueños del preciado botín, los ricos señores de Arévalo, se disponen a celebrar una fiesta de postín en su lujosa casa. Leer Artículo

Si la ves tranquilo y de buena onda, te dejará buen sabor de boca

Por Enrique Fernández Lópiz

La pesca del salmón en Yemen tiene un título casi loco, pues es lo último que uno podría imaginar en ese país sumido en la pobreza y la hambruna. Pero no hay que negar que el tal título resulta llamativo; quién sabe si no fui a verla por este motivo, pues nadie discutirá que es un título muy disuasorio a la vez que trepidante, chispeante e incluso provocador.

En la historia, un reputado científico, el doctor Alfred Jones (Ewan McGregor), miembro del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura, es pionero en la reproducción de moluscos. Por esta razón, su jefe le propone que estudie la idea de introducir el salmón en Yemen. Alfred no acepta la propuesta pero resulta que tras el emprendimiento está un riquísimo jeque árabe (Amr Waked), empeñado Leer Artículo

Maquis: los guerrilleros lobos de la postguerra española

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace años leí la novela de Julio LlamazaresLuna de lobos”, en la cual se relatan las circunstancias y peripecias dramáticas que ocurrían en torno a algunos soldados perdedores de nuestra Guerra Civil, para los cuales la contienda no acabó con el final de la guerra, al quedar aislados y en tierra de nadie, teniendo que esconderse por montes y bosques para sobrevivir, perseguidos implacablemente por la Guardia Civil y otros ciudadanos beligerantes que los consideraban unos bandidos. En esta historia se comprueba el conocido aserto de que las guerras civiles son peores para la población que las guerras convencionales entre Estados, pues aquellas no terminan cuando callan las armas, sino que la represión y depuración de los elementos Leer Artículo