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Enrique Fernández Lópiz

En recuerdo de un grande del humor español que nos ha dejado

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando comienza esta película, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera, aparece una graciosa animación de un indio que fuma su pipa de la paz. Pero de repente aparece un pequeñito Chiquito de la Calzada bailando al son de una música shakireña de la que no se entiende ni una sílaba. El indio le lanza el humo de la pipa dejando grogui a Chiquito, hasta que éste le lanza agua con una pistola de ídem, que derrite al monumental indio y el pequeñín Chiquito es acosado por una flecha que se clava en un cartel de ‘Wanted’ con la cara dibujada de Bigote Arrocet.

Esta comedia cuenta las aventuras por el Oeste de Condemor (Chiquito de la Calzada), un conde francés, junto a Lucas (Bigote Arrocet), su criado mejicano, perdidos en un desierto del lejano. Ambos están comatosamente arruinados y buscan volver a París, que es ‘donde viven los franceses’. Ambos son muy Leer Artículo

El cine cincuentero de la mano de Antonio Del Amo

Por Enrique Fernández Lópiz

Día tras día es una película de género social de 1951 que se ve con agrado. En los años cincuenta, en España era prácticamente imposible hacer cine neorrealista. Sin embargo, este film que ahora me convoca, cuenta una historia valiente, que se atreve a sacar la cámara a la calle y a contar lo que puede observarse en ese entorno natural-urbano, los problemas reales de una juventud que aun no teniéndolo nada fácil, lucha para labrarse un futuro y conseguir sus ansiadas metas. Entre otras, el padre José intenta enderezar la vida de dos feligreses de la parroquia del Rastro, Anselmo y Ernesto, en tanto una muchacha, Luisa, se enamora de este último.

El director Antonio del Amo (1911-1991) fue una figura paradójica de nuestro cine, como afirma Luis E. Parés, porque todo el mundo lo reconoce como el autor de las películas de Joselito (El pequeño ruiseñor, 1956; Saeta del ruiseñor, 1957; El ruiseñor de las cumbres Leer Artículo

Film apenas conocido y Armando Palacio Valdés de fondo

Por Enrique Fernández Lópiz

Santa Rogelia fue una coproducción entre Producciones Hispánicas y empresas italianas, de la que se habrían de rodar dos versiones, la italiana (con el curioso y antagónico título de Il peccato di Rogelia Sánchez) a cargo de Carlo Borghesio; y la española, de la que se responsabilizó, al menos en los créditos, Roberto de Ribón. Ambos eran casi principiantes: Ribón sólo había firmado hasta entonces un guión, el de Suspiros de España (1939) para Benito Perojo, mientras que Borghesio acababa de debutar en la dirección con una comedia, Due milioni per un sorriso, en la que aparece firmando la dirección junto con el prolífico guionista y director Mario Soldati, tal vez y no por casualidad, también participante en el guión de Santa Rogelia.

La huérfana de un minero fallecido en accidente laboral, Rogelia (Germaine Montero), se casa con Máximo (Juan Landa), un minero Leer Artículo